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Argentinas

Nuestros antepasados no fueron al nuevo continente solo a por cacao. Sin duda, querían otras materias primas. Y nos referimos a perras cachondas. Entre ellas, las argentinas. Cuando los conquistadores pusieron pie en el continente americano, estaban desesperados, ya que pensaban que tenían que haber llegado a las Indias. Imagínate cómo tenían los huevos de calientes. Estaban a punto de explotarles. Muchos días en los mismos barcos y viendo a todas horas a maromos mal afeitados. Como te puedes imaginar, las ganas de meter la polla en cualquier agujero colonizado eran máximas. 

No era momento de pensar en los crucifijos que adornaban toda la expedición, sino de rociar el semen hispano por las caras y coños de las lugareñas. No podían aguantar más a golpe de paja, ya que la fe de la tripulación estaba empezando a decaer. 

Por suerte, al final, avistaron tierra y los hombres de la Pinta, Niña y Santa María se echaron las manos a los huevos. Su suplicio iba a acabarse. Las argentinas no serían las primeras en probar la lefa española, pero sí que destacarían como unas de las hembras que más duras se las pusieron a los pobladores del nuevo mundo. 

No podemos juzgar este episodio de la historia con la mentalidad de hoy en día, pero sí que podemos entender que las ganas de meterla eran las mismas que en la actualidad. Por lo tanto, eso sí que nos absuelve a los españoles. Aparte de que el sexo, por aquel entonces, era tan duro como el que nos gusta a los seguidores de putalocura.com.

Sexo con argentinas, en putalocura

Hay pocas cosas más bonitas que ver cómo se mezclan en polvos de escándalo las diferentes razas. De hecho, es un género propio del cine porno.

Algo así pasó cuando cayeron las primeras sesiones de mete y saca entre los españoles y las argentinas originarias. De esos polvos vienen los lodos de ahora, que pueden llegar a ser pegajosos como el semen. Y, por eso, hay argentinas tan similares a nosotros. Llevan nuestros apellidos, pero también tienen una parte de las corridas de nuestros antepasados que se comieron y disfrutaron con placer. 

Las argentinas de hace más de cinco siglos no eran como las de ahora. En la actualidad, nos vuelven locos algunas argentinas tetudas y rubias, que pasan perfectamente por españolas o italianas. Sin embargo, tampoco despreciamos a las morochas, esas morenas que tienen unos rasgos más parecidos a los de las pobladoras originales de esas tierras. 

Al fin y al cabo, argentinas e hispanos han dado forma a una mezcla virtuosa de coños y pollas que solo podía salir bien, dada la fogosidad propia de ambos pueblos. Con nosotros, los españoles, en este caso, como machos dominantes que, con nuestro rabo imperial, damos por el culo a las habitantes de nuestros dominios. En aquel imperio español no se ponía el sol. Pero, a grandes rasgos, no se ponía el sol porque las noches de polvos eran interminables. Y, a veces, durante el mismo día, también se ponían, unos y otros, a meter y sacar. Como si no hubiera un mañana y haciendo caso omiso a las advertencias de algunos curas. Con la Iglesia hemos topado, pero no deis tampoco demasiadas cosas por hechas, que ya conocéis cómo se las gasta el padre Damián...

De estos polvos salvajes y sin tregua ninguna nacieron las oriundas, es decir, las argentinas mezcladas con españoles. Y a los españoles que andaban por allí les daba un poco igual follarse a las oriundas o argentinas aborígenes que iban quedando. El caso era poder meterla. Cuanto más, mejor. Ande yo caliente, ríase la gente. Era lo que decían muchos soldados y moradores del nuevo mundo. 

Ten en cuenta que, en un continente por conquistar, entre conquista y conquista sobra tiempo para follarse a la población nativa.

En resumen, hemos de dar las gracias a aquellos pioneros de los polvos interraciales. Afortunadamente, hoy podemos disfrutar de ver a las argentinas cabalgando en brutales vídeos porno. Unas de las jamelgas más cotizadas del mundo. 

Torbe y las argentinas

El tito Torbe, igual que Hernán Cortés y Pizarro, es todo un precursor del polvo en Sudamérica. No en vano, es un puto dinamizador del polvo en español. Un follacoños y follaculos mediático y el orgullo de España, muy por encima de la selección de fútbol. 

Torbe se folla coños de todas las nacionalidades y edades, pero os podemos confirmar que tiene una obsesión especial con las macizorras argentinas. Ten en cuenta que una tierra que es capaz de producir elementos como Messi o Di Stéfano no se va a quedar atrás en la exportación de jamelgas que hagan vibrar vuestras pollas. Follarte a una argentina es tan sensual como bailar un tango, pero mucho más radical. 

Su pasión por las pollas es extrema. No en vano, el blanco forma parte de su bandera y gustan de pintarse la cara con la leche caliente que les rocían desde las pollas más afortunadas. Las argentinas no quieren boludeces en la cama y solo piensan en coger y coger. Como dicen ellas, el acento porteño te embelesará. Basta con escuchar esas letanías y esos romances con los que tratan de llevarnos a su terreno desde sus labios. Esos labios que están pidiendo pecado. 

Puede gustarte ese rollo de escuchar su rítmico acento mientras follas. Pero también es posible que quieras sentirte dominante, como los poseedores de los rabos conquistadores, los cuales entraron a sangre y fuego en los coños albicelestes. 

La verdad es que Torbe deja la libertad a las zánganas argentinas para que elijan su estilo. Pero sí que es implacable a la hora de poner sus condiciones sexuales. Se correrá donde, cuando y como quiera. Y sus acompañantes argentinas le darán las gracias por haber vuelto a plantar en sus hirvientes coños la bandera de la madre patria. Como hicieron, hace más de cinco siglos, unos tipos barbudos que, como él, también estaban hambrientos de sexo. 

Vivan los coños argentinos y nosotros que los veamos.