Bud Spencer Y Terence Hill, dos mitos del humor
Dos genios que Italia ha dado al mundo, biografia y anecdotas varias
Seguro que todo el mundo, en mayor o menor grado, recuerda a dos de los más grandes actores que ha dado Italia al mundo: Bud Spencer y Terence Hill.
Nadie en pantalla se ha zampado un plato de judías y tocino con su clase y "savoir faire". En la memoria popular han quedado grabadas sus míticas escenas de lucha.
Bud y Terence, rodeados de malandrines, dispuestos a impartir justicia, haciendo llover más hostias que en misa.
Bud, personaje con un talento equiparable a su corpachón, acababa con los malvados con una técnica mítica: dos "fostiones" con la palma abierta, para acabar rematando con su célebre "golpe de martillo" en la cocorota del botarate que se atrevía a interrumpir su hora del bocadillo.
Terence, en cambio, suplía su menor potencia con una mayor agilidad y maña. Solía ventilar los combates acabando con sus rivales de un certero sartenazo o golpes precisos con bolos, palos, tacos de billar u objetos similares.
Ahora bien, llegados a este punto y como modernos Plutarcos podemos preguntarnos qué se escondía tras esa imagen que ha deleitado durante tantos años a chicos y grandes.
Tras una concienzuda investigación hemos logrado averiguar los siguientes, y totalmente ciertos, datos:
Bud Spencer, bautizado Carlo Pedersoli, nació en Nápoles en 1929. Su primera aparición cinematográfica fue en "Quo vadis?", interpretando a un guardia imperial.
Tras esto combinó su incipiente carrera con otras actividades: obtuvo un doctorado en "Giurisprudenza" (Derecho) y fue nadador olímpico por Italia en los juegos de 1952, 1956 y 1960.
Coincide en varios filmes con Terence Hill, pero nada hace presagiar su exitosa carrera en equipo. En 1967 Carlo decide adoptar como nombre artístico Bud Spencer, el apellido por su admirado Spencer Tracy y el nombre en homenaje a su cerveza favorita porque le parece divertido (si a ti no, díselo en la cara).
Actualmente sus videojuegos de lucha, en los que puedes interpretar su personaje a lo largo de diferentes niveles gozan de gran éxito en su tierra natal.
Terence Hill llegó en 1939 al mundo como Mario Girotti, hijo de italiano y alemana. Siendo un bebé su familia se trasladó a Dresde (Alemania), y afortunadamente para los amantes del cine pudo sobrevivir al terrible bombardeo de 1945 que devastó la ciudad.
Posteriormente, regresó a Italia. En la Universidad de Roma cursó estudios de "Letteratura Classica" (Filología Clásica) y tras su paso por las aulas decidió convertirse en actor.
Interviene, con su nombre real, en películas como "Il Gattopardo" de Visconti o "Pecado de amor", donde comparte pantalla con Sara Montiel.
En 1967, durante el rodaje en Almería de "Dio perdona... io no!" conoce a Lori Hill, una chica americana que trabaja como ayudante de diálogos; se enamoran y deciden casarse. Ese mismo año adopta su definitivo nombre artístico: Terence Hill, el apellido de su esposa y el nombre en honor al escritor romano Terencio.
El resto de las peripecias de Bud y Terence, como se suele decir, ya es historia...
Pero las buenas historias, como siempre, no acaban, siempre hay algo más:
No sólo John Travolta puede presumir de avión y título de piloto. Tras realizar "Más fuerte, muchachos" Bud obtuvo el título de piloto de avión y helicóptero y posee su propia compañía de transporte aéreo.
El último papel de Bud Spencer ha sido en la película de Ermanno Olmi Cantando dietro i paraventi (2003), en la que interpreta a un viejo capitán pirata del s. XVII al mando de un junco por los mares de China.

Bud era gran amigo de Fellini. Cuando éste rodó Satyricon inmediatamente llamó a su amigo para que hiciese el papel de Trimalción. Bud declinó porque hubiera tenido que mostrar el culo en pantalla. La verdad es que el papel le venía como anillo al dedo.
Las últimas noticias que nos llegan de él nos dicen que en breve iniciará carrera política como candidato en unas elecciones regionales italianas. Desde aquí le deseamos tanta o mejor suerte que la que ha tenido Arnold.
En cuanto a Terence Hill, podemos decir que tras esa máscara de cómico se oculta un hombre que sufrió la grave pérdida de un hijo adolescente en accidente de moto.
Triunfa actualmente en varios países de Europa con una serie italiana de TV "Don Matteo" en la que interpreta a un sacerdote detective. Hace unos años por su papel del cura don Matteo recibió el premio al mejor actor en el Festival de Televisión de Montecarlo.

Su próximo proyecto es un telefilme titulado "El hombre que soñaba con las águilas" ("L"uomo che sognava con le aquile").
Mención especial merece para el lector hispano la gran película "Y si no, nos enfadamos", rodada en Madrid, en bellos escenarios como las cercanías del estadio del Atleti.
El espectador atento puede descubrir entre el reparto de tal joya a Luis Barbero (el vejete Matías, de "Médico de Familia") y en la mítica escena del coro se puede descubrir a Emilio Laguna (uno de los humoristas de "No te rías que es peor")

Rumores corrieron sobre un reencuentro de la pareja para rodar una versión de "Don Quijote", algo raro por lo demás en este año. No llegó a buen puerto el proyecto, pero eso da igual. Ellos fundaron el "bean western" (el subgénero en que el protagonista come un plato de judías) y con eso vale, hagan lo que hagan siempre tendrán un hueco en el corazón de los amantes del arte.
Si quieren adentrarse en su obra, aquí tienen una pequeña lista con sus películas más apreciadas:
-"Le llamaban Trinidad" (1971, de E.B. Clucher, conocido en su casa como Enzo Barboni)
-"Le seguían llamando Trinidad" (1972, E.B. Clucher)
-"Más fuerte, muchachos" (1972, Giuseppe Colizzi)
-"Y si no, nos enfadamos" (1974, Marcello Fondato)
-"Dos superpolicías" (1977, E.B. Clucher)
-"Par, impar" (1978, Sergio Corbuzzi)
-"Quien tiene un amigo tiene un tesoro" (1981, Sergio Corbuzzi)
-"Dos supersuperesbirros" (1983, E.B. Clucher)
-"Dos superpolicías en Miami" (1985, Bruno Corbucci)
-"Y en nochebuena, se armó el Belén" (1994, Terence Hill). El canto del cisne de la pareja.
Espero que les haya gustado esta pequeña biografía, donde, como siempre, la realidad siempre supera la ficción.
por Juvenal