Ver caras donde no las hay
La ilusión óptica que hace que veamos a la Virgen y a Cristo en las tostadas del desayuno
Ya no hace falta violar monjas ni quemar iglesias para que te excomulguen, basta con comer un bocadillo de jamón para ganarte un viaje sin retorno al infierno. Y es que desde que la Virgen se aparece en las tostadas y Cristo hace lo mismo en jamones, los bocatas de jamón se han convertido en un pecado mortal.
¿Pero realmente se aparecen vírgenes, santos o tu difunta abuela en los productos de la cesta de la compra? ¿Realmente las caras de Bélmez eran rostros humanos? Pues no, amigos, estos y otros fenómenos no son otra cosa que productos de un fenómenos psicológico llamado pareidolia.

Gracias a la pareidolia, un estímulo vago y aleatorio en forma de imagen, que puede ser una mancha en la pared o la forma de una montaña, es percibido erróneamente por nuestro cerebro como una forma reconocible. ¿Quién no ha visto alguna vez las nubes adoptando formas de animales o de rostros humanos? ¿Quién no ha visto un par de ojos y una boca en los botones de algún electrodoméstico? ¿Quién no ha creído ver el Halcón Milenario u otro tipo de OVNI al mirar al cielo y ver una mancha?

Porque es el mundo de lo misterioso y de lo paranormal (incluyendo la religión) el que más provecho ha sacado de la pareidolia. Muchos recordamos con asombro aquel gigantesco rostro humano que la nave Viking 2 fotografió en Marte y que tantas noches sin dormir dejó a Iker Jiménez. Si pudiéramos acercarnos al planeta rojo y ver la esfinge de cerca nos daríamos cuenta de que tiene tanto de humano como los botones de los electrodomésticos, las anteriormente citadas caras de Bélmez o el Cristo de la puerta.

¿Y estamos locos por ver caras donde no las hay? No necesariamente, de hecho hasta los psicólogos se aprovechan de la pareidolia para saber si estamos como una cabra o si somos personas estables. El famoso test de Rorschach, ése en el que te van enseñando tarjetas con manchas de tinta para saber si ves en ellas mariposas o a tu madre siendo sodomizada por un negro decapitado, se basa precisamente en el principio de la pareidolia. Locos no, pero tontos si seréis si os dejáis engañar por esos iluminados que piden dinero para construír basílicas alrededor del árbol en cuya corteza se ha aparecido la Virgen. Ahora ya sabéis que las únicas caras están en vuestro cerebro.

Eso sí, las caras que se le aparecen a Ramona en las tetas son caras de verdad, ahí no hay ni trampas ni ilusiones ópticas.