El museo de los horrores
Fundado en 1714 por el Zar ruso Pedro I el Grande, es considerado uno de los museos más extravagantes y bizarros del mundo.
Por Cle
El museo Kunstkamera de San Petersburgo es probablemente uno de los más extravagantes y bizarros del mundo. Fue fundado en 1714 por el Zar ruso Pedro I el Grande, dada su afición a coleccionar instrumentos de castigo, animales exóticos, curiosidades etnográficas y todo lo que tuviese que ver con la ciencia. Siempre intentó que cada objeto de su colección no dejara indiferente al visitante, quizás por ello les preparaba ofreciéndoles una copa de vodka justo antes de entrar a contemplar su amado habitáculo de los horrores.
Se cree que fue el primer museo de Rusia y aunque en su inicio fuera modesto en cuanto al contenido, actualmente cuenta con más de un millón de objetos y refleja la diversidad de culturas en el mundo. El zar se dedicó a recopilar todo lo que hoy en día compone el museo gracias a sus viajes por Europa para, según él, que la gente mirara y estudiara.
Uno de los objetos más bellos es el famoso globo-planetario de Gottorp construido en el siglo 17 en Alemania. Su diámetro es aproximadamente de 3,1 m. En el exterior tiene pintados todos los países, ríos y mares, conocidos por entonces, y en el interior del globo se encuentra el primer planetario en el mundo.




Pero una de las estancias más impresionantes del museo es la que exhibe “las rarezas anatómicas”, donde se muestran a unos siameses unidos por el vientre, un niño con las piernas unidas al que dieron el nombre de “sirena”, otro con dos narices y un sinfín de seres con anomalías físicas y malformaciones. La pieza más extraña sea probablemente la de Graf Lázaro Coloredo, un genovés nacido en 1617, de cuyo pecho colgaba un hermano “gemelo” siamés parasitario. Tenía cabeza, pecho, manos y una pierna, y de vez en cuando movía los labios y respiraba.
Cuenta además con una colección de ojos, manos, orejas e intestinos bañados en formol al más puro estilo Hostel, todos ordenados y clasificados, junto a notitas informativas y otros objetos de lo más rocambolescos. Una de las cosas que más llama la atención es el magnánimo corazón de Bourgeois, criado de Pedro I, cuyo esqueleto de dos metros y medio también se expone en el museo.
La colección aclaró muchas de las equivocadas creencias fundadas por la incultura y la superstición de la Rusia de la época. Por entonces se pensaba que cuando una mujer daba a luz a un ser con malformaciones era porque había mantenido relaciones sexuales con Satanás, o que estas criaturas eran fruto de la zoofilia. Afortunadamente, el Zar consiguió que estos seres no se viesen como aberraciones basadas en las declaraciones de los que se obsesionaron con el ocultismo e informó sobre las verdaderas causas de estas anomalías humanas.






Además, gracias a su colección, consiguió mostrar al mundo los objetos de tortura más populares de la historia y lo retorcidos que podíamos llegar a ser cuando se trataba de satisfacer nuestros instintos más crueles.


Silla de Interrogatorio: El interrogado tenía que sentarse sobre la silla a decir la verdad (o la verdad que requerían los torturadores) amenazándole con apisonarle hasta quedar completamente clavado.


El Cepo se usaba como castigo por delitos de robo o disturbios; aunque en un momento dado se podía tener expuesta a la víctima hasta la muerte, si así se decidía por la corte de justicia. También fue utilizado como método de tortura para conseguir una confesión en las mazmorras de castillos, palacios de justicia o cárceles inquisitoriales. Era un instrumento que servía para sujetar al reo por la garganta y las muñecas, y según el modelo también por los tobillos. La víctima quedaba expuesta al público en la plaza de la ciudad, encontrándose a merced del populacho que lo vejaba y golpeaba, a veces incluso hasta la muerte, con el beneplácito de la autoridad.


La Sierra: Terriblemente bestial y monstruosa la forma en la que morían los que eran destinados a sufrir esta espeluznante tortura. Se colocaba a la víctima boca abajo para que toda la sangre le fuera a la cabeza, y el motivo no era otro que intentar mantenerle el mayor tiempo posible con vida mientras le aserraban la entrepierna. Al tener toda la sangre en la cabeza se oxigenaría el cerebro para que la víctima no se desvaneciera. Normalmente, la sierra le alcanzaba el ombligo antes de que desfalleciera, y a veces incluso llegaba hasta el diafragma.




La Cuna de Judas: Esta es quizás una de las torturas más dolorosas pues el sujeto sufre de una agonía lenta y cruel hasta su fallecimiento. La víctima era colocada desnuda justo encima de la pirámide con la punta incrustada en el ano o la vagina y, dependiendo de su peso y del que le añadían, iba bajando lentamente hasta quedar literalmente empalado.


El borceguí consistía en apretar el tobillo de la víctima por medio de varias maderas enlazadas por unas correas o gatos de hierro, para administrar presión, hasta quebrantar los huesos.

La Dama de Hierro: La siguiente cita es una descripción del primer uso registrado de la Dama de Hierro, el 14 de Agosto de 1515: "Un falsificador de monedas fue puesto dentro, y las puertas fueron cerradas lentamente, de modo que las espinas afiladísimas penetraran sus brazos y piernas en varios sitios, y su barriga y pecho, su vejiga y la raíz de sus miembros, y sus ojos, y sus hombros, y sus nalgas, pero no lo suficiente para matarla; y así, él permaneciera en gran sollozo y lamento por dos días, luego de los cuales moría".

El Rompecráneos: Los dientes salían literalmente disparados de sus cavidades y destrozaba los huesos de la mandíbula. Luego, los ojos se salían de sus cavidades y finalmente, el cerebro salía triturado por los oídos.

El cinturón de castidad es una braga de hierro, cerrada con llave, que se les colocaba a algunas mujeres para evitar las infidelidades o la promiscuidad.
También se dice que era utilizado por las mujeres como defensa contra la violación, en época de acuartelamiento de soldados, durante viajes y en estancias nocturnas en posadas.

Los españolitos tampoco nos quedamos atrás en esto de las torturas pues hemos utilizado el famoso Garrote Vil hasta hace no muchos años (aunque hoy en día habría que aplicárselo a más de uno). El instrumento consistía en una mesa, a la que se le adosaban unos "garrotes" que oprimían las piernas de la víctima, por un lado; y los brazos y pecho, por otro. Aplicando presión lentamente en aquellas zonas del cuerpo, se producía un intenso y agudo dolor al provocar el quebranto de los huesos.
El garrote de forma evolucionada consistía en un collar de hierro que, por medio de un tornillo con una bola al final, retrocedía produciendo la muerte por la dislocación de la apófisis de la vértebra axis sobre el atlas en la columna cervical. Supuestamente, esta evolución haría que el reo tuviese una muerte rápida y apenas sin sufrimiento, pero más tarde se descubrió que todo dependía de la fortaleza del cuello del individuo y la fisiología del verdugo , y si éste estaba musculado y el verdugo era débil, podía incluso llegar a agonizar durante media hora antes de morir.


La Mesa de Torturas: La tortura consistía en atar al individuo sobre una mesa de madera e ir girando la rueda hasta desgarrarle lentamente los miembros. También se usaban utensilios punzantes y barras de hierro candentes para añadirle un toque aún más bestia si cabe a la ya de por sí terrible tortura.