Aprender a estar solo. Los ricos tambien estan solos. ¿Que hace la gente cuando esta sola?
Durante el día, en las zonas comerciales, por las concurridas calles, y en la noche, por los barrios bajos, entre putas

ES PRECISO APRENDER A ESTAR SOLO
En "El hombre en la multitud" de Edgar Allan Poe, un tipejo se tira horas y horas y horas caminando por las calles de Londres, entre la muchedumbre.
Durante el día, en las zonas comerciales, por las concurridas calles, y en la noche, por los barrios bajos, entre putas, camelletes y gentes de mala muerte, para volver al centro del bullicio urbano al amanecer.
Al parecer, no tiene casa y, si la tiene, el pánico a regresar a ella y catar el vacío, la cobardía de enfrentarse a sí mismo y no encontrar nada más que nada, hacen que vague incansable entre desconocidos para, así, hacerse la ilusión de que no está solo.

Es la gran maldición del hombre moderno: no saber estar solo. Muchas parejas no se soportan y siguen juntas por miedo a la soledad.
Toleran vejaciones, insultos y peleas, pero necesitan saber que tienen a alguien que recoja sus trozos de miseria humana.
No, no hay peor soledad que la de las parejas mal avenidas. Ni la tele ni el cine ni ningún otro medio de comunicación hacen algo para aliviar estas terroríficas situaciones.
Todo lo contrario. Las imágenes catódicas se mueven demasiado rápido implantándose subliminalmente en los cerebros más simples. La gente no las entiende pero las interioriza como pensamientos propios, lógicos, comunes. ¿Y cuáles son esos mensajes? Pues la más pura contradicción.

Por un lado, se nos dice que la felicidad está en amar, en compartir, en dar y recibir cariño, en un solo amor eterno (o sea, como decía Fernando Esteso: "los chicos con las chicas, las chicas con los chicos").
Por otro lado, se nos presiona para consumir, para mantener nuestra independencia (es decir, el hombre de la mujer, la mujer del hombre, el hombre del hombre y la mujer de la mujer y el hombre del niño y la mujer de la... etc., etc.) y se nos vende al mondrigón como el estilo de vida ideal. Por eso, la persona que vive en soledad, desea una pareja y no está contenta con su vida.
Por ello, la persona que vive acompañada desea vivir a su aire para tener libertad.

Y así, todo el mundo sufre graves frustraciones y terribles problemas psicológicos: odian su vida, se odian a sí mismos, odian sus trabajos y sus mujeres y sus niños y sus animales de compañía y su coche y a veces quieren morir o tirar todo por la borda y empezar de nuevo como si vivieran en una pinícula de Hollywood o como si las personas y los coches y las casas fueran tan fáciles de usar y tirar otras cosas que se compran en el supermercado.
En román paladino: solos o acompañados, sufriendo por el pasado y por el futuro, las gentes no disfrutan del presente.

"Ay, pobrecillos, cómo los manipulan", dirá alguien. Pues que se jodan y, si no, que acumulen cojones suficientes para hacer balance, aceptarse a sí mismos y a su destino. Y, si no queda más remedio, volarse la cabeza, tirarse por la ventana o abrirse las venas.
Lo diré claramente: quien es infeliz, lo es debido a su propia necedad, debilidad y estupidez mental. Si usted y yo hemos sobrevivido a la administración de muerte en vida con que nos obsequian las grandes corporaciones, todo el mundo puede.
Con lo fácil que es no consumir... Con lo fácil que es no desear... Con lo fácil que es aprender a estar solo. Cuestión de práctica.
LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN

Muchos perturbados creen que si se hicieran ricos y famosos sus problemas terminarían. Craso error.
¿Cuántos personajes del mundo de la farándula sufren desamores, soledades y traumas mil? Muchos.
El dinero no da la felicidad (aunque la felicidad tampoco da dinero) y la fama a veces puede convertirte en un paranoico y un solitario
("¡¡¡¡¡fuera de mi casa, putón, que sólo me quieres porque salgo por la teleeeeeeeeee!!!).
Antes veíamos la soledad de Cayetana de Gurruchaga. Pues bien, no es la única famosa sola. Almodóvar, nuestro director más mondrigón y más internacional, siempre se ha quejado de estar muy solito (de hecho, hace poco me lo encontré en el cine Alphaville y estaba más solo que la una: hasta su verruga lo había abandonado), y ese es uno de los temas recurrentes de sus pinículas (vean, por ejemplo, la última, "Hable con ella").
Eso por no hablar de la soledad de Michael Jackson, que es la soledad del freak mediático que se siente observado y marginado por el mundo entero, que encima se ríe de él, le vilipendia y le chupa la pasta.

O la soledad del corredor de fondo, avanzando hacia ninguna parte. O la soledad de la estrella del pop Morrissey, que cantó
"¿Si eres tan guapo, tan divertido y tan listo, por qué estás solo esta noche?" y "Soy el hijo y el heredero de una timidez criminalmente vulgar, hijo y heredero de nada en particular. Podrías ir a ese club y conocer a alguien que realmente te quiera, así que vas y te sientas solo, te vas solo, y llegas a casa y lloras y te quieres morir".
Muchos fans de Morrissey se suicidaron cuando su grupo, The Smiths, se separó.

H.P. Lovecraft, señor que se dedicaba a escribir sus horribles pesadillas, siempre se sintió mejor con los edificios y con los libros y con sus pajotes mentales que con las personas, por eso se encerraba en su casa y sólo salía por la noche para pasear, como un murciélago.
Ni siquiera esos mitos modernos que son los actores porno se libran de esta lacra. Nacho Vidal, hace poco, comentaba en una entrevista que "mi curro es muy solitario. La gente piensa que estás todo el día con tías estupendas, pero no es cierto. Las habitaciones de los hoteles son muy solitarias, y durante muchos años he estado muy solo. Al no poder hablar con nadie, he llegado a hablarle al techo de las habitaciones".
Pero al menos follaba como un descosido... Es más terrible la absoluta soledad y la frustración del fracasado, de la persona que no ha tenido éxito a pesar de poseer obras geniales, una fama relativa y un talento innato. Es el caso de Iván Zulueta, director de la pinícula de culto "Arrebato" que asegura que "soy un solitario, pero no por voluntad. Sufro mucho en soledad. Me atrevo a decirlo ahora, pero me toca en lo más íntimo. El gran problema vital es la soledad. La soledad es insoportable. Es un dolor. ¡Almas gemelas, por favor, rápido!".

En las antípodas está la soledad de mentirijillas, esa de la que presume saber tanto, por ejemplo, el mondrigonazo de Antonio Gala cuando dice "Ay, la soledad sonora, a veces uno está tan solo que escucha su propia soledaaad".
Esa, tal vez, sea la soledad más útil: con ella no se sufre y sirve para vender miles y miles de libros.
¡Ay qué cara más dura!
Y es que, a veces, hace bonito venderse como un héroe romántico y solitario (como Black Jack o El Llanero Solitario ese).
Cierto que todo el mundo puede llevar a cuestas la cruz de la soledad, sin embargo... a mi nadie me engaña: la gloria y la fortuna no te redimen de ciertas miserias, pero las endulzan.
La peor soledad, sin duda, es la del ser anónimo, perdido entre la muchedumbre, sin oficio ni beneficio ni amigos ni conocidos, que sabe que, si muriera en ese momento, a nadie le importaría un rábano.
PERO... ¿QUÉ HACE LA GENTE CUANDO NADIE LA VÉ?

Pues nada bueno. Cosas innombrables. Por algo en los internados del Opus Dei no existen habitaciones individuales, porque, a menudo, la soledad es aburrimiento y, por consiguiente, es pecado, es masturbación, es desespero, es putalocura...
Hay un proverbio zen que dice que, para alcanzar la paz de espíritu, debes comportarte ante los demás como te comportas en solitario y viceversa. Pero lo que está claro es que muy poca gente sigue esta máxima. La mayoría son unos freaks reprimidos que se muestran como angelitos, o como seres grises y timoratos de puertas para fuera y, cuando llegan a casa y están solos, se dedican a desvariar de manera desquiciada.
Algunos lloran a gritos o se ríen a carcajadas. Otros se auto flagelan o se compadecen a sí mismos como almas en pena. Otros se entregan a liberar ese sexo que su educación no les permite exteriorizar con sus parejas por pura represión psicológica.
Mucha gente llega a casa y se pone en pelotas, se calza una bolsa de Alcampo en la cabeza y se revuelca por los suelos matándose a pajotes, se hinfla a ver porno, canta y baila como un locuelo, se mira en el espejo fijamente hasta que su cara le parece la de otra persona de tanto mirarla o la de un Michael Jackson...

En fin, cosas que jamás haría en público las hace en casa. Otros matan la soledad con un animal doméstico: hablándole y tratándole como si fuera una personita, o sea, sometiéndole a mil torturas chinas.
Hay gente que bebe o se droga para olvidar su falta de compañía o, también, que se pone a currar compulsivamente (los workoholics) para tratar en vano de sacar partido económico de su perra vida, enganchándose al trabajo como a una heroína de esas.
Pero, como dice el refrán andaluz, "hay gente pa tó"...
Hay personas que sufren tanto en soledad que se bañan en agua fría sin parar o se cortan con cuchillas de afeitar para que su dolor físico eclipse a su angustia espiritual (y lo digo de verdad: una de mis ex-novias tiene el cuerpo lleno de cicatrices de entregarse a semejantes prácticas).
Y hay otros que se lo pasan tan de puta madre solos que deciden no volver a salir nunca a la calle, como Fernando Fernán Gómez cuando se encierra en el váter de su casa, en la pinícula "El anacoreta", para estar solo.

En fin, que cuando estás solo puedes hacer todavía más cosas que cuando estás mal acompañado: jugar a los dados o al strip póker contra ti mismo, oír cintas que has grabado con tu voz, navegar por internet durante horas y horas hasta que se te caigan los ojos al suelo cual canicas viscosas llenas de gusanos, sacarte mocos y jugar a la petanca con ellos...
También puedes hacer gimnasia sueca, tirarte en el suelo de tu habitación y mirar tu cuerpo en descomposición, planear atentados absurdos, practicar la meditación zen, ver la tele, coleccionar sellos y monedas, tener pensamientos impuros, dormir, intentar ligar a través del IRC, leer y escribir cosas que no entiendas más que tú, filmar en vidrio digital los insectos que devoran tu casa... y mil cosas más como las que salen en los anuncios contra la dronga que mejor se imaginan ustedes porque yo me tengo que ir.

Me despido y les pido que me dejen en paz, que tengo una reunión muy importante conmigo mismo. Les dejo (solos) con el estribillo de una canción de ese genial-famoso-solitario-rodeado-de-putarracas-en-Miami que atiende por Julio Iglesias, que se titula, precisamente, "Un hombre solo". Bájensela de Blubster o del Kaaza si les gusta:
"Lo tengo todo, completamente todo;
voy por la vida rodeado de gente que siento mía.
Voy de abrazo en abrazo, de beso en risa,
me dan la mano, cuando es precisa;
la loca suerte besa mi frente por donde voy.
Pero cuando amanece, y me quedo solo,
siento en el fondo un mar vacío,
un seco río, que grita y grita
que sólo soy un hombre solo,
un hombre solo,
un hombre solo".
Rodríguez, ¿tiene usted serios problemas de incomunicación? ¿Está más solo que la una? ¿Más aislado que un preso del GRAPO? ¿Más abandonado que Cayetana de Gurruchaga? Cuénteme su vida y prometo no contestar: dildodecongost@hotmail.com