El robo de datos personales
Artimañas que muchas empresas y timadores utilizan para hacerse con tus datos y luego usarlos a su antojo.
Por Torbe
http://blogs.putalocura.com/torbe
¿Recibes miles de e-mails inútiles un día sí y otro también? ¿Te ahogas en un mar de spams? ¿Te llaman por teléfono a todas horas para venderte motos? ¿La memoria de tu móvil está colapsada por cientos de SMS publicitarios? No hay duda, eres otra víctima de una de las grandes lacras de nuestro siglo: el robo de datos.
Seguro que, cuando ya es demasiado tarde, te preguntas quién coño le ha dado tu mail o tu número de teléfono a la empresa fantasma que te manda toda esa mierda. La respuesta es: tú mismo, sin darte cuenta, has puesto en bandeja tus datos a esos sinvergüenzas. Ahora os cuento cómo demonios lo hacen, el acto de robar datos, también llamado phishing:
-Cuando te dicen “envía SMS gratis” para conseguir, por ejemplo, un programa de visión de videos o fotos o cualquier otra cosa. Sí, el SMS es gratis, pero la factura te la pasan luego, cuando te cosen a spams. Con la excusa de regalarte un programa (que ya de por sí es gratis) te han cazado el número de móvil. ¿Moraleja? No hay nada gratis en esta vida, hamijos…

-Falsos mails solidarios: todos esos correos electrónicos con que te bombardean, pidiéndote por caridad que los reenvíes, suplicándote “reenvía este correo”, son una facilona pero eficaz excusa para que reveles no sólo tu e mail sino el de todos tus contactos. Las excusas son tan peregrinas como que van a cerrar Hotmail o que hay un terrible virus que se va a comer todos los ordenadores, o que hay un medicamento tóxico muy peligroso en las farmacias que puede hacer que te crezcan pelos en las plantas de los pies.
Y tú te las crees y, por pura bonhomía (y un poco de soplapollez), reenvías y reenvías hasta que surtes a las empresas de spam de tu colección de 200 direcciones de correos electrónicos. Esto ya lo hacían algunas empresas con cartas, antes de la existencia de internet, así que sí, es muy viejo pero, como el hombre es el único animal que tropieza no dos sino tropecientas veces en la misma piedra, sigue funcionando como el primer día.
-Cuentas gratis: suelen ser de Rapidshare, de Megavideo o de cualquier otra utilidad internáutica. Te ofrecen la cuenta completamente gratis para que veas o te bajes lo que quieras sin límite. Pero (siempre hay un pero) a cambio de que facilites tu e-mail. Y, claro, como a caballo regalado no se le mira el diente ni se le pone pega alguna, das tu mail y… al día siguiente tu cotidiano bombardeo de spam se multiplica por 100. Y encima, no te dan la cuenta gratis. Por tonto…

-Falsas invitaciones a redes sociales, a Fotolog y demás: te envían correos para que te suscribas a redes sociales fantasmas, clones de Facebook donde te dicen que ligarás y harás amigos mil, todo para hacerse con tus datos.
-Registros gratuitos: insisto, nada hay gratuito en este mundo de fenicios y mercachifles. Y mucho menos registros a clubes, webs porno, páginas para descargar películas y demás inventos del tebeo. Hay que andar con pies de plomo por esos mundos virtuales, porque muchas de ellas son webs orquestadas por crackers para hacerse con tus datos, con la contraseña de tu correo y usarlos para beneficio propio, es decir, para bombardear a tus contactos con mails de tu parte o cosas aún peores, como suplantarte para enviar y recibir pornografía infantil.

El que avisa no es traidor y vuestro tito Torbe os aconseja, en primer lugar, que no abráis mails de desconocidos, ni subáis a coches con desconocidos, ni deis vuestros datos a la ligera (muchísimo menos vuestra dirección física o el número de tarjeta de crédito). Además, os invito a desconfiar de todo lo que es gratis con “pero”.
Internet está llena de cosas maravillosas, pero la mayoría son de pago o gratis de verdad. Mirad las cosas con lupa y si os piden registros raros o teclear contraseñas, pasad de todo y seguid buscando. En esta Internet de Dios casi todo se puede conseguir por la patilla, es decir, sin dar absolutamente nada a cambio. Si os ponéis a mirar bien, veréis que, como siempre, tengo más razón que un santo varón.