Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov
Una atmósfera de tensión que revelará más adelante la relación del compositor y la música que escribía.
Por Boccanegra
En un artículo anterior salió, casi de refilón, el tema de los conciertos para instrumento solista y orquesta. He querido inaugurar este género con uno de mis favoritos: el concierto para piano nº2 de Sergei Rachamaninov (1873-1943). Es un caso raro de compositor. Desechó los caminos que la música estaba tomando en su tiempo (serialismo dodecafonismo, impresionismo, fauvismo) para continuar una línea más romántica pero desde su particularísimo punto de vista, siendo a veces injustamente vilipendiado y olvidado y menospreciando su indudable capacidad para transmitir sus emociones además de crear un estilo pianístico (instrumento del que era un virtuoso consumado) como demuestran sus estudios y preludios, sin nada que envidiar a los de Chopin o Liszt.

Esta obra ha sido, desde su estreno el 28 de marzo de 1902, obra esencial del repertorio internacional. Fue escrita tras una grave crisis depresiva sufrida por el compositor, tras el fracaso de su primer Concierto para piano, que le sumieron en una situación de abandono y apatía. La idea del fracaso se apoderó de él y el refugio en la bebida fue lo único que podía ayudarle a evadirse de esta situación. Desde enero a abril de 1900 acudió a la consulta del neurólogo Nicolai Dahl que con ayuda de la hipnosis y la sensibilidad de un melómano consagrado lo convirtió en un hombre nuevo. Abandonó la bebida y partió a Italia. Después de ese viaje comenzó la composición del Concierto. Tan agradecido quedó Rachmaninov del tratamiento de Dahl, que decidió dedicarle esta inolvidable obra.

Ya desde los acordes iniciales del piano, se percibe una atmósfera de tensión que revelará más adelante la relación del compositor, su personalidad y la música que escribía.
Dividida en los tradicionales tres movimientos (Moderato, Adagio, Allegro Final), destacamos del primero de ellos los dos temas principales, ambos cargados de melancolía (que según la versión que recomiendo corresponde al tema justo del principio –A- y al tema a partir de 2:00 aproximadamente –B-), la reexposición del tema principal –A- tras una parte que denominamos desarrollo en la que se trabajan temas, motivos, etc. que han ido apareciendo hasta entonces, cargada de inestabilidad y tensión que se resuelve con la entrada del piano con un motivo casi de “marcha” sobre la melodía del principio –A- con toda la orquesta sonando (6: 00 apox.) y la coda final, el pasaje justo del final, que sirve para cerrar el movimiento.
El segundo movimiento destaca por la dulzura y belleza del motivo expuesto por la flauta. Es popularmente conocido por una versión “Pop” (All by Myself) de Eric Carmen y más aún por el “cover” que realizó Celine Dion.
Del tercer movimiento destaca el tema, que se repite varias veces, especialmente la versión justo al final (4:10 del segundo video), con un clímax orquestal y pianístico que consigue poner el vello de punta, especialmente en directo (sin duda Rachmaninov es uno de los grandes melodistas de la historia de la música, solo hay que recordar, además de esta obra su Vocalise o las archiconocidas Variaciones sobre un tema de Paganini).

La versión escogida para el primer y segundo movimientos, más por motivos prácticos (es la única que he encontrado que tenía todo el primer movimiento y el segundo en dos archivos y no fragmentados) e históricos, es la del propio Rachmaninov en 1929. Pese a la baja calidad de sonido es un documento único.
El tercero es la versión de Kissin, que si está separada en dos videos, pero merece la pena.