Nessun Dorma, de la ópera Turandot de Puccini
Una de las arias más populares de este compositor, que ha sido interpretada por muchos tenores
Por Boccanegra
Hablar de la obra que hoy nos atañe, es cuando menos, difícil. Probablemente todo el mundo la ha escuchado alguna vez, tanto melómanos como no, pues es una de esas obras (junto al Canon de Pachelbel, las Cuatro Estaciones de Vivaldi, la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart o el Aleluya del Mesías de Handel) con las que medios de comunicación, ya sean anuncios, películas, coleccionables…nos bombardean prácticamente a diario. Pero lo más importante no es conocer la pieza en cuestión, sino saber al menos que es un “aria” de una ópera que se llama Turandot, compuesta por un grandísimo músico, denominado tradicionalmente como el último gran operista italiano, como era Giacomo Puccini.

Puccini (1858- 1924) auna para muchos las tradiciones alemanas (las innovaciones orquestales de Wagner por ejemplo) con el lirismo y la melodía de la ópera italiana (siguiendo el modelo de Verdi, del que en muchos aspectos se le considera su sucesor). Tras un primer contacto como compositor de música religiosa (actividad que había desarrollado su familia durante generaciones ligada a la catedral de Lucca), su primera ópera Le Villa, que sin ser un éxito, facilitó su contacto con el afamado editor Ricordi, que le encargó la composición de otra ópera, Edgar, la cual tampoco disfrutó de gran fama. Su tercera ópera, Manon Lescaut, fue un éxito extraordinario. A raíz de esta ópera, que supuso su primera colaboración con los libretistas Illica y Giacosa, aparecieron una serie de grandes títulos como La boheme, Tosca, o Madame Butterfly. Destaca de su producción así mismo La Fanciulla del West (un “western” operístico) así como el Trittico, una serie de tres óperas (Suor Angelica, Gianni Schichi e Il tabarro) que, por su brevedad, se representan habitualmente de manera conjunta.
El caso de Turandot es especial. Puccini muere en 1924 a raíz de un cáncer de garganta (pues era un fumador compulsivo) y deja inconclusa esta obra, terminándola Alfano bajo la supervisión del gran director de orquesta Toscanini (actualmente hay otra versión, la de Luciano Berio, presentada en 2001), estrenándose en 1926. En el estreno participaron, entre otros, el director Toscanini y el gran tenor español Miguel Fleta (que fue por tanto el primero que cantó Nessun Dorma). El libreto de la ópera es de Adami y Simoni.

La acción se desarrolla en China, en una visión lo más exótica posible (ambientación también musical con escalas pentáfonas que le dan ese matiz oriental tan característico como en el Himno del Emperador), y cargada de elementos oníricos y sobrenaturales. El argumento podéis leerlo en Wikipedia.
El aria de Nessun Dorma (Nadie Duerma) acontece en el acto final de la ópera. Tras la proclamación de la princesa Turandot de que nadie debe dormir hasta hallar el nombre del príncipe desconocido, Calàf (el tenor), quien ha lanzado el desafío de que si su nombre no es descubierto, la fría Princesa Turandot se casará con él. Calàf canta, indicando su certeza de que sus esfuerzos por descubrir su nombre serán en vano. El aria tiene una primera parte, misteriosa, que podríamos denominar “brumosa”, a la que le sigue una primera irrupción del tema más conocido. Después de este se vuelve a la bruma de la primera parte, que emepieza a disiparse con la entrada del coro de mujeres que vuelven a enunciar el tema al que se une el tenor y concluye con una codetta, donde alcanza la nota más aguda (Si natural) sobre la palabra Vincerò!. Musicalmente la acción continúa, es decir, no hay un final conclusivo a esta aria (cadencia perfecta), sino que éste se rompe para que la música continúe y enlace con la siguiente acción dramática. Es habitual pues, en versiones de “concierto” (aisladas de la ópera) añadirle un final conclusivo a esta aria. El texto es el siguiente.
Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o Principessa,
Nella tua fredda stanza
Guardi le stelle
Che tremano d`amore e di speranza.
Ma il mio mistero è chiuso in me,
Il nome mio nessun saprà!, no, no
Sulla tua bocca lo dirò!...
(Puccini: Quando la luce splenderà!)
Solo quando la luce splenderà,
(Puccini:No,no,Sulla tua bocca lo dirò)
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
Che ti fa mia!...
Voci di donne
Il nome suo nessun saprà...
E noi dovremo, ahimè, morir, morir!...
Calàf
Dilegua, o notte!... Tramontate, stelle! Tramontate, stelle!...
All`alba vincerò!
vincerò! vincerò!
Calàf
¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma!
¡También tú, oh Princesa,
en tu fría habitacion
miras las estrellas
que tiemblan de amor y de esperanza...!
¡Pero mi misterio está encerrado en mí,
¡Mi nombre nadie lo sabrá!. No, no
Sobre tu boca lo diré
(Puccini: Sólo cuando la luz brille)
Sólo cuando la luz brille
(Puccini: ¡solo sobre tu boca lo dire!)
¡Y mi beso fulminará el silencio
que te hace mía.!
Voces de mujeres
Su nombre nadie sabrá...
¡Y nosotras, ay, deberemos, morir, morir!
Calàf
¡Disípate, oh noche! ¡Tramontad, estrellas! ¡Tramontad, estrellas!
¡Al alba venceré!
¡venceré! ¡venceré!

Sobre las versiones de esta famosa aria, podemos decir que hay una grandísima disparidad, y una gran cantidad donde elegir. Es por eso por lo que me propongo daros una lista de grabaciones, desde las más “edulcoradas” y en definitiva, peores a mi gusto, hasta las que podríamos considerar mejores. Eso sí, en la música como en casi todo, no podemos decir que una versión sea la mejor de una manera absoluta. Sin duda, muchos estaréis pensando en Pavarotti como el mejor intérprete de Nessun Dorma, y tal vez sea así, o por lo menos el que la ha popularizado de manera más trascendental, pero aún así os propongo que escuchéis las otras versiones, igualmente correctas.
Empezaremos por la peor, con diferencia, la de Paul Potes, ese pseudo cantante de ópera con el que medios de comunicación nos han invadido en los últimos meses. Si pensáis que está bien cantada, podemos decir que las notas “están dadas” (relativamente), pero sinceramente Nessun Dorma no va en absoluto a la voz de Potts, pues hace falta un tenor con más voz, más cuerpo, siendo casi este británico un tenor que podríamos denominar “ligero”, más en la línea del repertorio pre Verdi (Rossini, Bellini, Mozart, Donizetti…). Bueno, si es que se le puede llamar tenor…
Otra, algo más respetable es la del, también “tenor”, más bien cantante de música ligera con voz atenorada, es la de Andrea Bocelli. Rápidamente, sin tener grandes conocimientos de canto, puede observarse una clarísima diferencia entre esta y la anterior versión.
Esta tercera versión, no por la baja calidad del intérprete, sino más bien por ser una versión totalmente ajena al repertorio de éste, es la del Gran Alfredo Kraus. Sin ser una versión definitiva, tiene algunas cosas notables como el elegante fraseo además de la insuperable facilidad para el agudo. Por el contrario, probablemente, la falta de cuerpo en su voz, necesaria para los cánones que tenemos de esta aria y para imponerse a la orquesta (no sabemos si en esta versión de estudio hay arreglo de micrófonos, aunque tal vez no y, pese a la densidad orquestal, se pudiese imponer en una audición de concierto).
En esta versión entramos ya en los grandes tenores dramáticos y espintos que han cantado esta obra. La versión de Mario del Monaco, característico por su gran torrente de voz, su voz gruesa, casi baritonal, puede considerarse de referencia para el gran público así como para el público más especialista. La impresionante fuerza que posee contrasta con las versiones anteriores, pero sin embargo, el agudo final no aparece con la misma facilidad que en Kraus y por lo tanto lo mantiene menos tiempo. He de decir que en el canto no todo es el agudo final, por eso esta versión no deja de ser brillante.
La quinta versión es, a mi juicio, una de las mejores, al menos de las que he oído (y os garantizo que he escuchado unas cuantas). La portentosa voz de Franco Corelli, tan potente como la de Mario del Monaco y mas “viril” si cabe, se une un gusto exquisito en la forma de cantar (si bien se le ha acusado de ceder mucho a los gustos del público a la hora de cantar sin respetar lo que pone la partitura) y una facilidad pasmosa para el agudo final pese a lo recia de su voz.
Por último dos versiones de Pavarotti, las dos algo distintas. Como casi todo el mundo ha escuchado la versión orquestal de esta, en esta ocasión quiero poner una magnífica interpretación de Pavarotti y James Levine al piano (director del Metropolitan Opera de Nueva York), que se dio en 1988 como un bis (un regalo, una obra fuera de programa tras todas las obras que habñia cantado en un recital). Si bien Pavarotti no está en su mejor momento (cansancio, algunas flemas –mocos- en la voz por lo que llega a carraspear en varias ocasiones) la versión no deja de ser fabulosa y une todo lo anteriomente hablado: legato, fraseo, potencia, agudo, virilidad, belleza…
Y por último, para los más sensiblotes, la última vez que cantó Nessun Dorma, en los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín, un año antes de su muerte, probablemente ya enfermo de cáncer, anciano, con frío, con la voz cansada y sin la misma nitidez de siempre…Y pese a que tuvo que bajar la partitura un tono con respecto al original (ya no podría llegar con la misma facilidad y seguridad a los agudos), sigue siendo igualmente imponente. A destacar la cara, casi llorando hacia el final del aria (durante el coro de mujeres, que creo recordar no está en esta versión y lo hace la orquesta sola) que permite vislumbrar que él mismo es consciente de que tal vez sea la última vez que cantaba Nessun Dorma y la última que cantaba en público.
Se que me dejo muchas versiones pero al menos es un buen comienzo para acercarse a conocer profundamente esta bella aria. Un saludo y espero que os haya gustado!