A estas alturas del partido todo lo que tenga ver con el Manga y el Animé japonés no es que este quemado, es que todo lo concerniente a ese fenómeno antes «alternativo» ha pasado a englobar la cada vez mas larga lista de los fenómenos rhinestone. Y es que sólo a los agro-indies más recalcitrantes o a los pseudomodernos nacidos en las aldeas más remotas de nuestra España les sigue pareciendo una cosa moderna. Está claro que el concepto de vanguardia, caído en ciertas manos llenas de callos por las arduas tareas agrícolas, degenera en el más patético de los glamoures, o sea, en el Rhinestone.
Sólo el prestigioso David Farrán de Mora)) podía volver a escandalizar a todos sus recoletos fans con las fabulosas revelaciones sobre uno de los símbolos más distorsionado y degenerado de todo el Animé japonés: Heidi.
DIMENSIÓN ANIME
Si hay algo que caracteriza a la sociedad del Japón postnuclear es el brutal choque que se produce entre unas costumbres y unos valores casi medievales y un desarrollo tecnológico puntero. Este fuerte contraste es el que hace de los japoneses unos seres de mentalidad hiperretraída y de doble o triple moral represiva. En ello influyen muctíos factores, siendo el propio idioma nipón uno de los mayores culpables de estas mentes tan retorcidas. El japonés cuenta con más de tres mil ideogramas, cada cual más complicado, lo que hace que un niño japonés no aprenda a escribir ni a leer más o menos correctamente hasta los doce o trece años. Por otra parte las limitaciones lingüísticas que suponen ciertas normas de cortesía ancestrales dan como resultado que en japonés uno no pueda soltar de vez en cuando un exabrupto sem¡ótico con el que liberar ciertos estados de ánimo alterado. En Japoneses impensable un «vaya mierda» o un «joder», allí estas expresiones se corresponderían con algo así como «vaya cosa no buena» o un «no es de mi agrado»... y es que el idioma japonés es el idioma de los eufemismos.
Todo esto no trae nada bueno por supuesto, y para suplir todas estas carencias la juventud nipona que no puede leer libros normales se centra en el Manga y el Animé como principal actividad recreativa. Casualmente, todos los fans del manga en Occidente (y sobre todo en España) están cortados por un mismo patrón: adolescentes de hasta cuarenta años, físicamente freaks (que no mentalmente), de ir a misa los domingos y fiestas de guardar y de acudir a la catequesis, de doble moral, más bien reprimidos...o sea gente que no desentonaría entre los millones de grises habitantes de Osaka o Tokyo... inmersos todos ellos en esa dimensión Manga que es capaz dé unir las oscuras mentes provincianas de la España más profunda con el retraimiento semi-aliena de las mentes niponas.
NAGAI VERSUS ZUIYO
En los setenta, dos eran los reyes del Manga, por una parte Go Nagai (agitador contracultural, Presidente de la N.Y.G.A-ver Mondo Brutto numero once- y creador de los llamados en Japón «mangas de agitación social» como Mazingay-Z, Lesbiak2000, Diyaki I3f6fi|tps Ciberkabukis...), y por otra Ken Züiyo, de la escuela más conservadora y antagónica de la encabezada por Nagai, que se caracterizaba por sus adaptaciones de cuentos populares europeos como «De los Apeninos a los Andes», «Heidi», «Oliver Twist»... que siempre eran protagonizados por un niño. Zuiyo aparte de su labor como dibujante era uno de los censores más estrictos del Sindicato de Productos Audiovisuales, y por sus temidos comités tenían que pasar todos los Animes para obtener su permiso de emisión.
Así pues, la rivalidad entre la N.Y.G.A y el Sincidato de Audiovisuales era muy fuerte y tanto Nagai como Zuiyo hicieron todo lo posible por desacreditar los trabajos de uno y otro. Zuiyo perseguía implacablemente los Mangas contraculturales y explícitos de Nagai, prohibiendo su venta y publicación por considerarlos no propios de la cultura japonesa y se dedicaba a vetar en todas sus posibilidades a todos los dibujantes afines a Nagai y la N.Y.G.A, aunque sin mucho éxito, dado que el público demandaba estos Mangas Contraculturales a pesar de su prohibición y su silenciamiento. Por su parte Nagai hizo todo lo posible por desenmascarar a Zuiyo, tanto por su falta de talento y creatividad (todos sus Animes eran burdas adaptaciones de cuentos occidentales cortados todos por la misma sensiblería y tópicos de lágrima fácil), como por su oscura trayectoria personal.
Como buen censor, Zuiyo tenía aficiones un tanto criticables desde su punto de vista, y en su caso era su excesivo amor hacia los niños, la cruz que llevaba secretamente. No hacía falta ser muy listo para ver ciertas metáforas en los Animes de Zuiyo, que delataban una pederastía más que latente y que en Heidi era algo casi explícito (escenas como la del abuelo haciéndole la cama de pajas a Heidi o esas sospechosas ayudas para hacer queso de cabra a altas horas de la madrugada, o esa incomprensible morriña de Heidi por volver a vivir con un viejo en una solitaria y sucia choza en medio de ninguna parte, no dejaban lugar a dudas).
Adelantándose muchos años a la portada de «A palo Seco» (que en realidad, y sin saberlo ellos, es una copia), la N.Y.G.AIanzó un Manga sobre Heidi en el que Zuiyo (El Abuelo) realizaba todos sus sueños más secretos con la pequeña Heidi, con Pedro, con Clara, e incluso con Niebla y los cabritillos. Casi sin querer, Nagai realizó una especie de psicoanálisis de su gran rival, que en todos sus Animes elegía un alter ego que le representaba (en el caso de Heidi, eran El Abuelo y Sebastián, el criado de la Señorita Rottenmeyer, siempre en estrecha relación con la niña; en Marco, era el Mono Amedio, que era el que más toqueteaba al niño...) y que en todas estas explotaciones burlescas de los Animes de la N.Y.G.A eran dibujados con los particulares rasgos fisicos de Zuiyo, que era cojo con un zapato de plataforma, una cara llena de antojos, redondo como una bola y con un gracioso acento gangoso.
EL FENÓMENO HEIDI
El mercado de estas series de corte más occidental que oriental en las que se especializó Zuiyo, no era el japonés (que prefería el mundo de los engendros mecánicos, el espacio intergaláctico y las criaturas destructoras, y que por su mentalidad poco dada a expresar los sentimientos, no entendía esas historias tan lacrimógenas en las que no aparecían más monstruos que los propios personajes humanos), sino el europeo. Francia, Italia y sobre todo España, que con la cultura de las radionovelas eran carne de este tipo de historias ,que resultaban mucho más cercanas y menos raras que los tipicos Animes de Nagai (genuinamente creados para la cultura y la mentalidad nipona.
Series como «Heidi»,«Marco», «Yelco y su troupe», «Gigi», «Cinderella», «El piccolo Lazarillo»... todas ellas inspiradas en clásicos de la literatura europea y firmadas por Zuiyo, abrieron la veda en los setenta a este tipo de Animes que en los ochenta degenerarían en cosas como «Candy Candy», «Pulguita», «Lena secretaria», «Yaimona», «Ruy el pequeño Cid» (en bizarra coproducción con la productora hispana de dibujos Cruz Delgado)... y en los noventa en joyas como «Repórter Blues», «Magic Models» o «Cindy Fashion»... todas ellas de la factoría del Sindicato de Animes y ambientadas en oc¬cidente, aunque con el inconfundible sello japonés.
Pero el fenómeno no paró ahí, en nuestro país Cruz Delgado y BBR Producciones se lanzaron a la aventura de las adaptaciones literarias siguiendo el modelo Heidi-Zuiyo, y malparieron varias maravillas de la animación: «Sancho Quijote» (con la inolvidable B S O de «Botones»), la ya citada «Ruy el pequeño Cid», «Dartacán y los tres Mosqueperros», «Sherlock Holmes» (también en versión perruna),Willie Fog y la vuelta al mundo en ochenta dias (con B S O de Mocedades) o la prehistórica animación por ordenador de «Los Fruitis». Pero la serie que originó todo fue sin duda Heidi, que aqui batió todos los records posibles de emisión, (qué duran hasta nuestros días), y que propició un maravilloso fenómeno de memorabilia nunca antes visto en un país sin ningún tipo de tradición en ese sentido.
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