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Qué lejanos quedan ya aquellos días en los que rebuscábamos entre los estantes y cajas de nuestras tiendas de discos favoritas y salíamos con unos cuantos vinilos o CDs nuevos que iban a ir directos a nuestro equipo de música y con unos cuantos billetes menos en nuestros bolsillos. Ahora escuchamos mucha más música gracias a lo fácil que es darle con el ratón en el eMule a la discografía completa del grupo que nos apetece escuchar, pero hemos olvidado el placer de rebuscar en un comercio lleno de discos y, sobre todo, el placer de disfrutar de sus carátulas, un placer que era doble cuando encontrábamos discos con tías desnudas en portada como estos de aquí:
En España, si quitamos la canción de Heidi y la de Óliver y Benji, no podemos decir que la música japonesa haya triunfado demasiado. Y es que llegaban los discos de importación llenos de letras raras que no entendía ni Dios y a ver quién era el listo que se atrevía a comprarse eso sin saber qué tipo de música iba a encontrarse dentro. Los señores amarillos, grandes expertos en marketing, empezaron a meter mozas desnudas a las que se les quedaba la misma cara de estupefacción que a nosotros cuando leían el título del disco. Y ahora ya la gente podía comprarse el disco, y si resultaba que contenía algún horror como un grupo de acordeonistas de Kioto, por lo menos se consolaban pensando en que habían pagado por la paja de esa noche.
Cuando a esas jovencitas que se sacan fotitos con poca ropa en sus dormitorios con paredes llenas de posters de Alejandro Sanz y montones de peluches sobre la cama no puedo más que fantasear con ser muñeco de peluche. Y es que tampoco hace falta tener la mente demasiado calenturienta para pensar en cómo se frotarán con los muñecos cuando se sientan solas y encendidas por las noches. Este músico seguro que tenía fantasías similares y por eso le dejó a modelo desnuda de su portada un peluche tamaño XXL para ver si empezaba el frotamiento. Quien fuera conejo para entrar en su conejo.
Con la de Apolos que mandaron los de la NASA al espacio con mejor o peor suerte fue una pena que no llegaran al Apolo con el número del amor, el Apolo 69. Si lo hubieran puesto en órbita los americanos estaba claro que dentro de la nave tendría que viajar una jamona como la del disco de Chucha la Loca para que volviera loquitos a los cosmonautas. Por cierto, que Chucha creo que no vió muchas naves espaciales en su vida, porque lo que sale en su portada es una cabina de noria de algún feriante de provincias.
Mientras en España teníamos a María Jesús y su acordeón cantándonos lo de los pajaritos, en Turquía tenían a un tal Yilmaz haciendo lo propio y que, siendo aún más antierótico si cabe que la acordeonista española, sabía de esculturales tetonas para que la gente se fijara algo más en él, como King Africa o Giorgie Dann, a los que nadie habría hecho ni caso si no hubieran tenido siempre a dos chavalas en bikini moviendo en culo mientras ellos cantaban. La de cosas que aprendieron los reyes de la canción del verano del bueno de Yilmaz...
Y volvemos con Chucha la Loca, porque sus portadas de tías desnudas son de traca. Sólo a Chucha se le habría ocurrido meter a una moza en tetas con ¡un payaso!... ¿Y qué tienen que ver el payaso o el salón con chimenea con la fiesta o el Nueva York del título del disco? Absolutamente nada, pero para qué engañarnos, ¿quién va a ponerse a hacer estas preguntas cuando lo único que queremos es ver tetas y culos, ya sea en Nueva York o en Albacete?
En Albacete o en México, claro... porque en este caso sí que han tenido un poco más de cuidado de que el título del disco tuviera algo que ver con la foto y le han puesto un sombrero de mariachi a la modelo. Y seguramente será la decisión más inteligente que estos músicos hayan tomado en su vida, porque con lo feos y bigotudos que suelen ser los mariachis nos han ahorrado un mal trago evitándonos ver al conjunto real en fotografía.
Y terminamos por hoy con una de nuestras portadas de vinilos preferida, una portada que de tan bizarra y absurda nos parece genial. ¿Pensabais que Batman sólo fornicaba con Robin en el cuarto oscuro de la batcueva? Pues no, según algunos productores discográficos enterados el hombre murciélago es un cochinete al que le encanta follar con señoras celulíticas de mediana edad. Con lo bien que nos lo vendieron en Hollywood para descubrir ahora que no es más que un pervertido como tú o como yo... pues nada, sigamos el ejemplo del alter ego de Bruce Wayne y vayámonos todos a gozar como locos.
Se acabó por hoy pero seguro que hay muchas más portadas esperando que las rescatemos del olvido. Si tienes algún disco o cassette friki en casa escanéalo y mándamelo a colabora (arroba) putalocura.com para que pueda comentarlo.
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