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Por Dildo de Congost
http://blogs.putalocura.com/dildo
“Dame los primeros siete años de vida de un niño y te diré lo que será el hombre del mañana”.
Un sabio.
Los chavales de hoy tenéis suerte: entre Internet, las videoconsolas, los móviles para hablar con las niñas de vuestra clase y las discotecas infantiles en las que no se vende alcohol (pero sí se folla), apenas veis la tele.
¡Y encima protestáis! ¡Os quejáis de vicio! Vuestros tíos, que fuimos niños en los 70/80, nos aburríamos como ostras: sólo teníamos la caja tonta y los juguetes. Y, claro, nos tirábamos horas y horas hipnotizados ante el emisor de rayos catódicos, viendo cosas que vuestros ojos no creerían. Este es un rendido homenaje a los entretenedores de ayer que hicieron nuestra infancia un poquito más divertida.
TORREBRUNO: Su verdadero nombre era Walter Rocco Torrebruno Orgini, pero los niños lo conocíamos como Torrebruno, a secas. Era un señor achaparrado y extremadamente bajito (apenas llegaba al metro cuarenta), siendo esta la clave de su éxito como presentador y cantante infantil.
Pero eso fue después de fracasar en otros campos cuando se entregó a los niños. Empezó su carrera en su Roma natal, donde nació (en 1936) en el seno de una familia aristocrática. Pero él quería ser artista y, en 1957, se estrenó como presentador en la tele italiana RAI.

Paralelamente, compuso varias canciones y grabó un puñado de discos de culto, en los que demostró ser un gran intérprete romántico. Sin embargo, no era profeta en su tierra, por lo que, en 1962 vino a este país, a hacer las Españas. Y arrasó. Televisión Española lo fichó para sustituir a un presentador y, desde entonces, Torrebruno se enamoró de España y España se enamoró de Torrebruno.
Y no era para menos. El tipo exhibía un optimismo y una alegría de vivir incombustibles, cantando, animando a los peques y gritando con su peculiar acento en programas infantiles como “La Guagua” o “El Recreo”. En 1973 intervino, junto a Alfredo Landa, en el extraño filme “Las estrellas están verdes”, para el que compuso algunas de sus mejores canciones.
Después, siguió con lo suyo, o sea, la tele infantil, en programas como “Sabadabadá” o “Dabadabadá”. Se especializó en interpretar a personajes ficticios tan queridos e inolvidables como Rocky Chaparro o Rocky Vaporetto. De esta época procede esta pieza, el imborrable himno infantil “Tigres y leones”, compuesto para los dos equipos de un concurso:
En 1981, en plena cima de popularidad, protagonizó la película “Rocky Carambola”, que rompió taquillas y en el que también salía ese gran actor español que atiende por José Sazatornil “Saza”. Se forró y folló todo lo que pudo (Torrebruno, no Saza): dicen que, gracias a su simpatía, a su vicio (le gustaban todas las mujeres, feas o guapas) y a su descomunal miembro viril, se pasó por la piedra a la inmensa mayoría de las actrices españolas (Lola Gaos incluida).

Luego, inició su lento pero inexorable declive. Los tiempos cambiaron y los niños, que son muy hijos de puta, se cansaron de Torrebruno, que fue apartado de la tele y tuvo que conformarse con actuar en circos y parques de atracciones. Y todo por amor al arte, ya que el dinero hacía tiempo que le sobraba.
En 1990, una enfermedad del corazón apartó a Torrebruno del mundo del espectáculo, aunque continuó haciendo papelitos en filmes como el corto “Mama” (1988; un sangriento homenaje del cineasta y publicista bilbaíno Pablo Berger con dirección artística del hoy célebre Alex de la Iglesia), “Orquesta Club Virginia” (1991), “Todos a la cárcel” (1993; Berlanga siempre fue amigo y fan de Torrebruno) o “Los peores años de nuestra vida” (1994).
Pero el público ya no lo quería y los niños que ayer lo habían encumbrado, hoy eran veinteañeros que se reían de él y lo usaban como excusa para toda una ristra de chistes generacionales. Alguno de estos graciosos hizo correr el macabro rumor de que Torrebruno se había colgado de un bonsái, y el propio artista tuvo que conceder una interviú a la revista “Pronto” para desmentirlo.
En 1998, Torrebruno murió de verdad, pero no se ahorcó en un bonsái, sino que sufrió un ataque al corazón. Sus restos fueron trasladados a Roma, y así se alejó para siempre de su país adoptivo, aunque su recuerdo permanece en el corazón de sus fans.

Algo es algo: después de morir, Torrebruno dejó de ser objeto de chuflas bizarras y se convirtió en un objeto de culto pop. Ahí está, por ejemplo, el homenaje que le hizo el grupo de postbubblegum pop La Casa Azul en la pegadiza canción “Cerca de Shibuya” (2002): “tengo una invitación para viajar a un nuevo mundo, me inundaré en sonido Eurovisión, recordaré a Torrebruno”.
Los acordes de la canción, de alguna manera, también rendían tributo a Torrebruno, un personaje que siempre fue más de lo que parecía, un compositor infravalorado pero que compuso muchas piezas maestras en castellano, algunas de un romanticismo freak fascinante. Cojamos como botón de muestra esta brillante pieza de yeyé romántico, llena de vivaracha melancolía, titulada “Un mundo de mentira”, que el pequeño gran Torrebruno grabó en 1966 en italiano y español:
TERESA RABAL: actriz, cantante y presentadora de televisión. Hija de Paco Rabal y Asunción Balaguer, Teresita sufrió la putada de debutar en el cine a los nueve añitos, en la genial película “Viridiana”, de Luis Buñuel. Y digo putada porque esto es empezar la casa por el tejado: tras aparecer en esa obra maestra, poco le quedaba por hacer a esta cría en el mundo del séptimo arte.
Así que, seis años después, la chavala opta por dedicarse al teatro, con Carlos Larrañaga. Pero, al poco tiempo, vuelve a sentir el gusanillo del cine y rueda quince filmes entre 1969 y 1973, en los que su presencia apenas se nota: era una actriz sosa y sin carisma.

Pero en 1977 se casa con el cantante Eduardo Rodrigo y se retira del cine (que, según su marido, “es un putiferio”) para reciclarse en actriz de televisión.
Tras varios papeles en diferentes obras, decide consagrarse al público infantil, grabando varios discos y montando El Circo de Teresa Rabal, que recorre todos los pueblos y ciudades de España junto al atroz perro de peluche viviente Napoleón (materialización de sus más inconfesables deseos zoófitos) o al osito Angeloso, para divertir a los más pequeños durante diez años.
De esta forma, vende un millón y medio de sus 24 discos de canciones infantiles, con éxitos como “Veo veo” o “Me pongo de pie”, casi siempre compuestos por su señor marido.
Teresa encontró su sitio encontró su sitio entre los niños de guardería, puesto que era más payasa y maestrilla que actriz, y funcionaba mejor dando gritos en el circo y cantando cancioncillas de parvulario que dramatizando en escenarios. Pero luego aún volvería a la tele, ya como presentadora infantil, en programas como “La Guardería” o “La casa de la guasa”, junto al inefable Kike Supermix.
En 1995, ya algo cansada de hacer la gansa para ganarse los garbanzos, crea dos buenas formas de forrarse sin dar palo al agua: los Premios Veo Veo, de fomento de la cultura infantil, y la Fundación Teresa Rabal de ayuda a la infancia (como todo el mundo sabe, las fundaciones son algo que se hace para ganar mucho dinero y, encima, parecer buena persona). Sin embargo, ¿cómo echar de nuestras neuronas aquellas imágenes de Teresa vestida de niña grande cantando “El cochecito” entre un hatajo de delirantes bufones?
HORACIO PINCHADISCOS: anticipándose varios lustros a la moda de los dichosos DJs que arrasaría los años 90 y aún colea, esta marioneta ejerció de pinchadiscos en el programa infantil “Dabadabadá” (1982-1984).
Con su peinado afro, su camisa de cuellos, sus medallones y su chupa con flecos, representó la horterez y el descerebre discotequeril de finales de los 70 y principios de los 80 (que, dicho sea de paso, no sería nada comparado con lo que vino después).
Mezcla bastarda entre la rana gustavo y Jose Luis Fradejas, Horacio era dicharacheramente moderno, y sirvió para acercar al público infantil expresiones salteadas de un argot que ya hacía tiempo que estaban en boca de la juventud más marchosa: “mola”, “cantidubi”, “colega” y demás palabras de la calle estaban siempre en boca de este muñeco pasota y postmoderno, antecedente directo de los electroduendes.

Horacio también cantaba, acompañado por el grupo Regaliz. Su canción más famosa fue “El discjockey campeón”, una auténtica caricatura de la incipiente megalomanía de los pinchadiscos, con fragmentos como “no es posible competencia, sin duda soy el mejor. Soy Horacio Pinchadiscos de los discjockeys campeón” y los niños contestaban: “Tienes toda la razón, que marcha se trae el tío, cómo nos hace bailar, ni nos deja respirar, lo mismo le da a la salsa que le pega al rock’n’roll y hasta los mismos carrozas no aguantan la tentación”.
En su sección, Horacio (que, por cierto, se parece un disparate al líder mondrigonazo Pedro Zerolo) hacía gala de su exquisito gusto musical, pinchando cosas como Lio, Steely Dan, Judy Cheeks o los Pretenders. Pero uno de sus hitos fue el programa especial “Por peteneras”, que demostraba que Horacio no era ninguna broma, y estaba en la vanguardia de los discjockeys, adentrándose en la por entonces novísima fusión de flamenco y pop-rock, programando actuaciones de marionetas de Triana, los Chichos o los geniales y heterodoxos Lole y Manuel:
REGALIZ: Eduardo, Jaime, Astrid y Eva fueron Regaliz. Los creó a finales de los 70 Belter la misma discográfica de Parchís, en la época dorada de los grupos infantiles españoles. Empezaron sacando pequeños singles, uno de ellos junto a Horacio Pinchadiscos, y luego versiones infantiles de “Que no pare la música” (del grupo de culto homosexual Village People) o Juanita Banana (del prolífico Luis Aguilé).
En 1981, protagonizaron su primera película, “La rebelión de los pájaros”, un delirio pseudoecologista con ecos Hitchcockianos en el que los pájarillos se iban de las ciudades por culpa de la contaminación y el grupo intentaba que volvieran cantando canciones.

Pero, sin duda, la cumbre de su filmografía fue “Buenas noches, señor monstruo”, una película aterradora (en todos los sentidos) en la que también intervenían Luis Escobar (como Drácula), Guillermo Montesinos (como Quasimodo), Paul Naschy (como el Hombre Lobo) o el popular Miguel Ángel Valero “Piraña” (como el hijo de Drácula).
Tras esta locura de película, que fue un auténtico batacazo en taquilla, el grupo se disolvió y no se volvió a saber más de ellos. Ni siquiera tuvieron la grandeza de acabar embarazados o drogadictos, como algunos miembros de Parchís o “Verano Azul” o Joselito. Simplemente, desaparecieron del mapa. Si echan un vistazo a este terrorífico número musical, sabrán por qué:
VERÓNICA MENGOD Y PEPE SOPLILLO: él era un muñeco vocinglero y ella una adolescente pelirroja que estaba buenísima. El tándem se estrenó en el programa infantil “El kiosco” (1984), sustituto de “Dabadabadá” que duró dos años y ofrecía concursos, chascarrillos y actuaciones musicales.
Verónica no enseñaba nada, pero ponía unas caras de teenager chupapollas que hacían que muchos niños nos quedáramos embobados ante la tele durante el tiempo que duraba el programa, soportando los letales comentarios de Pepe Soplillo, una marioneta de un niño con grandes orejas al que debía su horrísono tímbre de voz al actor y doblador Pepe Carabias (ver su entrada más abajo).

Pero centrémonos en Verónica, fantástico animal. Verónica, dotada de un blanquísimo cutis de terciopelo, estaba siempre coloradita, como recién follada. Fue una de mis primeras fantasías sexuales, Verónica, que siempre se estaba metiendo con las orejas del pobre freak de trapo que le hacía de comparsa.
Desgraciadamente, el programa sólo duró dos años, y luego Verónica se pasó a la tele adulta (los padres se quejaban de las caras de puta que ponía) y, finalmente, le dio por estudiar arte dramático, creerse actriz y hacer varias series serias. Se estrelló. Una pena. Pero siempre nos quedará el recuerdo onanista de aquella jovencita colorada que nos hizo babear y aparcar el bocadillo de Nocilla para ir al váter (y no precisamente a orinar):
GACHI FERRARI Y PETETE: otro tándem que resultaba bastante obsceno era el formado por el ultrañoño ¿pingüino? Petete y la bellísima modelo y presentadora sudaca Gachi Ferrari. La Gachi era una maniquí argentina que, tras pasar de la moda, actuó en culebrones como “Pobre diabla” o “Mi cuñado”.
Después, se consagró a los más pequeños, en programas como “Telejuegos” o “El club de Anteojito y Antifaz”… hasta que llegó Petete, que la llevó a la fama. El personaje de Petete, por su parte, tiene su origen en los cómics: fue creado por el historietista infantil almeriense Manuel García Ferré (padre también de personajes como el espantapájaros Trapito o el empollón Calculín), pero, debido a su éxito, en los años 80 tuvieron la pésima/genial idea de adaptarlo a la tele, con más éxito aún.

De nuevo, la culpa de su abultada (en todos los sentidos) audiencia no era de las relamidas lecciones y cancioncillas del ¿patito? con chupete, sino de la tía que salía junto a él, castamente vestida (incluso más que Verónica) pero, de nuevo, poniendo unas caritas más propias de una ninfómana multiorgásmica que de lo que se supone que debe ser una cara de una chica que presenta un programa infantil.
Petete y su chica arrasaron en España y en Latinoamérica, dando lugar a un merchandising bastante amplio: desde peluches hasta enciclopedias. Y todo por el trempante sex appeal de Gachi que, por desgracia para el televidente y por suerte para ella, cuando estaba en la cumbre de su carrera (año 1985) conoció a un rico empresario textil y se casó con él; hoy, dirige una marca de productos de polo.
En cuanto a Petete, se volvió al Polo Norte con el corazón roto. Él sabía tan bien como nosotros que lo suyo con Carolina siempre fue un amor imposible:
PEDRETE Y CAROLINA: Lo de Gachi con Petete era tan escandaloso, que el mismísimo Pedro Ruiz, caricato pericómano y egomaníaco que por entonces dirigía y protagonizaba el programa “Como Pedro por su casa” (1985) hizo una horripilante parodia adulta y pepitogrillista de Petete, llamada “El libro gordo de Pedrete” (risas enlatadas).
Con su simiesco rostro y su dantesco disfraz no de Petete, sino de niño con mandilón de colegio, Pedrete Ruiz hacía un sketch para el que, de verdad, no tengo palabras: he mirado en el diccionario y no encuentro ningún adjetivo capaz de condensar todo el horror que destilaban aquellas performances.

Por cierto, la Carolina de Pedrete estaba incluso más buena que la de Petete, ¿no? Seguro que era una de las muchas amantes del pichabrava Ruiz, que incluso le llegó a dedicarle una canción-poema, titulada “Carolina, qué buena estás”, con una letra abominable que sólo pudo ser una ocurrencia de unas neuronas enzarpadas.
Merece la pena reproducirla aquí, en toda su enloquecida obscenidad:
“Qué buena estás Carolina / Qué niña más colosal /Me gusta si no te pintas / Y en bañador mucho más / Te miro y te guiño un ojo / Pero si me ves mirar / Corriendo me pongo rojo / Lo mismo que mi papá / Ostras, Carolina que buena estás que a los amigos de mi papá cada día les gustas más / Ayer lo conté en el cole y nadie se lo creyó /Les dije que cada noche te veo en televisión / Dijeron que era mentira, pero se lo demostré / llevándoles la camisa aquella que te quité / Me gusta tu voz alegre / tus ojos y tu flequillo / y la figura que tienes me hace perder los tornillos / No te veo con malicia porque aún soy muy pequeño / pero estás todos los días corriendo en todos mis sueños / Ostras Carolina que buenas estás que a los amigos de mi papá cada día les gustas más”
Dios mío, yo… Me encuentro indispuesto, voy al váter y les dejo con este video, no apto, de verdad, para estómagos delicados:
PEPE CARABIAS: y ya que hemos hablado Pepe Soplillo, no podemos olvidar al señor que lo doblaba: Pepe Carabias, el enano que tenía la voz de pito y, por eso, era siempre escogido para hacer hablar a todos los bicharracos que salían por la tele.
También fue y es uno de los mejores dobladores de cine, y ha puesto su rallante timbre de voz a personajes tan dispares como Jay Sherman (Los Simpson), Benji de “Campeones”, el Pato Lucas en “Quién engañó a Roger Rabbit” o Billy el Niño en “Lucky Luke”. Pero su característico y a veces horrísono tono de voz, su estatura (rivalizaba con Torrebruno como el ser más bajito de la tele) y su extremo frikismo, se vió casi siempre condenado a trabajar en programas infantiles o de cachondeo grueso.

Empezó haciendo bulto en el “Un Dos Tres” primera etapa, pero no triunfó hasta que interpretó a Luis Ricardo (un Frankenstein de risa) en el programa “El monstruo de Sanchezstein” (1977), que supondría su mayor éxito ante las cámaras.
El tirón de este personaje lo llevó de cabeza al cine, interviniendo en insólitos largometrajes, como la comedia fantástica “El liguero mágico” (1980) de Mariano Ozores (que tiene el mérito de ser la única pinícula en la que sale un Hombre Lobo homosexual) o la inenarrable “La avispita Ruinasa” (1983) parodia política basada en el caso Rumasa que debería pasar a la Historia como una de las peores películas jamás rodadas en la faz de la Tierra: uno de esos filmes que es tan malo que mola.
Actor todoterreno, Pepe compaginaba cine y tele, donde hizo el papel de “Adjunto” en el programa “Lápiz y papel” (1981). Películas de culto, tele de terror, doblajes extremos… Pepe aún era joven y ya lo había hecho todo, por eso, se consagró a lo que más le gustaba: arrancar sonrisas a los niños (o, al menos, muecas de horror), poniendo voz a personajes tan odiosos como el citado Pepe Soplillo o Paco Micro que, a pesar de todo, fueron sus últimos éxitos.
Después, volvió a sus doblajes e hizo algo de teatro, reapareciendo de higos a brevas en la tele, en programas como “Este es mi barrio” o “Arévalo y Cía”. Su último hito catódico lo tuvo de la mano del dúo Cruz y Raya, haciendo el políticamente incorrecto papel de “El Papa”, que no era Juan Pablo, sino un patriarca gitano completamente demencial. Veámoslo, en una reciente actuación (año 2004) del programa “Un, dos, tres… ¡a leer esta vez!”. Observen, por favor, su diminuta estatura y sus desquiciados aspavientos:
Qué, ¿horrorizados? Pues esperen a ver la segunda entrega de Entretenedores Infantiles. Les garantizo que será peor y que les saldrán más canas por todo el cuerpo. De Herta Frankel a Leticia Sabater. Próximamente en sus pantallas.
| Dijo david el 01/02/2008 a las 11:09 - #1 |
Si se siguió lo que está impreso en el cartel que pude ver en una exposición, El sr. Torrebruno fué el presentador de la actuación de los Beatles y sus teloneros en 1966 en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona. Paul, John, George, Ringo.. y Torrebruno!!!
| Dijo Manel el 01/02/2008 a las 16:09 - #2 |
| Dijo Musiquito el 03/02/2008 a las 23:48 - #4 |
| Dijo Kike el 16/02/2008 a las 20:18 - #5 |
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