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Por Dildo de Congost
http://blogs.putalocura.com/dildo
En su día, nunca disfruté los chistes de Benny. En los años 80, cuando TVE pasó por primera vez en España capítulos de “El show de Benny Hill”, servidor, que aún era un alevín sin pelos en sus vergüenzas, estaba demasiado embobado mirando a las tías buenas que salían en la serie como para fijarse en la hilarante genialidad de sus ocurrencias, en los gruesos pero brillantes chascarrillos que interpretaba, en las influencias del cine mudo y del cine S que había en las cosas que hacía aquel señor obeso y gracioso.

Después, en los 90, cuando Tele 5 recuperó la serie, tampoco tuve oportunidad de disfrutar de sus locuelas peripecias: andaba yo demasiado ocupado en las mías, persiguiendo chicas por tierra, mar y aire, unas veces, y escapando de ellas otras, como si estuviera en el final de un capítulo de Benny.

Fue hace relativamente poco, a principios de este siglo XXI, cuando me senté y disfruté tranquilamente los mejores capítulos de “El show de Benny Hill” en DVD y, la verdad, aluciné y me carcajeé como un loco. Aquello era genuino humor británico, lleno de suciedad, mal gusto y finales bruguerianos, con todos los personajes del vodevil persiguiendo al protagonista a cámara rápida a ritmo de música de cachondeo. Como ejemplo, veamos el clímax de uno de mis gags favoritos, con la extraña y enfermiza presencia de la niña (¿o es un niño?), que juega un papel fundamental en la acción:
Alfred Hawthorn Hill, más conocido como Benny Hill, nació el 21 de enero de 1925 en Southampton, una barriada obrera inglesa, en la que se vio obligado a trabajar desde que acabó la escuela, para tirar palante. En esos tiempos, al conocer de primera mano lo mucho que costaba ganarse los garbanzos, el pequeño de los Hill aprendió el valor de los dineros, que nunca malgastaría y, así, engendró un sentido del ahorro exagerado que en futuro lo convertiría en un devoto de la Virgen del Puño.

Pero, de momento, Alfred no podía ser tacaño, porque tenía lo justo para mover el bigote. Con 16 años, ya curtido en mil batallas laborales (había currado en cosas tan dispares como conductor, lechero, operador o tamborilero) el chaval aún conocido como Alfred Hill agarra un hatillo, mete en él sus cuatro humildes bártulos y se pira a Londres a buscarse la vida como artista, que es lo que a él le tiraba, desde que su anciano abuelo le había metido en el cuerpo el gusanillo del espectáculo.

La urbe londinense recibe al joven Alfred con los brazos abiertos. Corría el año 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, y la ciudad estaba llena de oportunidades y aventuras. Fue llegar y besar el santo: Alfred se estrenó como cómico en la producción de Stars en Battledres: él, que todavía no había engordado y tenía un aire apuesto (aunque lleno de frikismo), encabezó pícaramente una trouppe de doce señoritas y, así, se fue gestando su amor por el sexo débil. Un amor agridulce porque, en general, las tías pasaban de él como de la mierda. Pero amor, al fin y al cabo. En este video podemos ver plasmadas las tres grandes obsesiones del buen Benny: mujeres, cerveza y comida. En el vídeo también vemos cumplido uno de los sueños que nunca pudo hacer realidad: casarse; todas las mujeres a las que pidió matrimonio le dieron calabazas pero, en este caso, Benny superó la realidad a golpe de ficción:
El teatro donde se desarrolló la primerísima actuación de Hill se llamaba Jack Benny y, al tratarse del nombre de uno de los artistas favoritos de Hill (un cómico americano de la época, que alcanzó gran repercusión y se codeaba con celebridades como Frank Sinatra o Los Hermanos Marx), éste decidió que, en adelante, se cambiaría el nombre: acababa de nacer un astro verde llamado Benny Hill.

Tras concluir su etapa de actuaciones vodevilescas, el artista ahora conocido como Benny Hill se lanzó en solitario, sumándose al numeroso grupo de cómicos que se pateaban los clubes nocturnos y los music halls londinenses para ganarse unos peniques haciendo de reír al personal. Así, durante años Benny fue forjando su estilo en decenas de escenarios y galas, desde clubes masónicos hasta puticlubes, pasando por teatros como el Windmill. Después, ya un poco harto de dar tumbos por tugurios de mala muerte, se metió en la radio a contar chistes, para ir tirando hasta que acabara la guerra: al menos en una emisora estaba más tranquilo que en un club plagado de soldadesca ebria y pendenciera.

Pero una de las mayores bazas de Benny era la mímica, él trabajaba con su cuerpo y con sus gestos, así que la radio se le quedaba pequeña. En cuanto pudo, dio el salto a la televisión, un medio que estaba en pleno desarrollo cuando Benny llegó a ella, en 1949: todavía no eran muchos los británicos que tenían una “caja tonta” en su casa. Benny se metió como cómico de batalla en un programa de la BBC titulado “Hi there”. Poco a poco, la popularidad de Benny fue creciendo y, contra todo pronóstico, se convirtió en la estrella del programa: tanto él como su público estaban pidiendo a gritos un programa en solitario, en el que le dejaran hacer lo que le saliera de los testículos. Desde arrimar cebolletas hasta cantar, canciones como esta, de la que años más tarde haría un clip. ¿Título? “El lechero más rápido del Oeste”, claro:
El primer programa de Benny en solitario llegó en 1955 y se llamó “The Centre Show”, aunque luego cambiaría su nombre por “Showcase”. Al principio el estilo era más recatado y primitivo: el humor aún no era tan guarro y se basaba, sobre todo, en una mezcla entre personajes cómicos, numeritos musicales e hilarantes parodias de otros programas de la BBC.

Paralelamente, y gracias a su popularidad catódica (en 1956 recibió el premio “Personalidad Televisiva del Año”) Benny participó en pinículas de relumbrón como el disparatado musical “Chitty Chitty Bang Bang” (1968) o el clásico del cine cómico volante “Esos chalados con sus locos cacharros” (1965). También volvió a hacer cosas en la radio e incluso interpretó a Shakespeare en el teatro, haciendo gala de sus dotes de gran actor, pero nunca brilló tanto como en la pequeña pantalla: estaba claro que su sitio estaba en la tele. Su figura oronda y generosa (unida a un alma cutre y mezquina y huraña, genuinamente british) arrasaba y rompía con la pana. Tal vez por eso, sólo fue al gimnasio en la ficción; un gimnasio lleno de buenorras, of course:
En 1962, en plena moda de las sit-coms (o “comedias de situación”) británicas, la BBC convenció a Benny para que hiciera episodios cómicos de una hora, con cierto argumento, bajo el título de “Benny Hill”. El formato fue un éxito tremebundo, sobre todo porque Benny, que estaba a punto de cumplir los 40 y seguía solterón (pese a que le encantaban las tías y le estaba entrando continuamente a todo lo que llevaba faldas) empezó a aumentar el número de mujeres en el programa y, con ellas, el de los chistes verdes. Muchos comparaban a Hill con el cómico yanqui Red Skelton, porque ambos usaban mucho el mazazo cómico y tenían influencias del cine mudo, pero lo cierto es que, mientras Skelton era más sentimentaloide, más chapliniano, Hill era más cerdo, más extremo y hacía un humor más rápido e inmediato. Humor grueso con carcajadas húmedas para un show que fue bastante popular y que estuvo en antena hasta 1968, año en el que Benny recibió una oferta de otro canal (ATV) y se fue con la música (y los conejos) a otra parte.

La nueva etapa de Hill, en la mítica productora Thames (responsable de shows inolvidables como “Un hombre en casa” o “Los Roper”) fue la que le dio la fama internacional. Ahora el pograma pasó a llamarse “El Show de Benny Hill”, y Benny grababa sólo cinco o seis especiales al año por una cantidad de dinero mucho mayor a la que había ganado jamás. Así se publicitó el nuevo programa, que fue un éxito instantáneo:
“El show de Benny Hill” era una auténtica pasada, Benny en estado puro, en libertad y sin censura. Sketches de todo tipo, aceleraciones de cámara al estilo slapstick, bofetones, carreras y demás elementos propios del cine mudo, pero adaptados a los nuevos tiempos, a todo color y con soniquetes, risas enlatadas, dibujos y musiquillas descacharrantes. Pero la guinda de todo era el elemento “erótico-festivo”, por llamarlo de alguna manera. Porque Hill tuvo la genial idea de aderezar el conjunto con un buen puñado de tías buenas: chicas altas y llenas de curvas que eran perseguidas, manoseadas y comidas con los (saltones) ojos por Benny y su equipo de sátiros, entre los que brillaban con luz propia enormes actores de comedia como Henry McGee, Nicholas Parsons, Bob Todd, Fred Scuttle, el chino Chow Mein y, sobre todo, el pequeño gran Jackie Wright, que merece punto y aparte.

Jackie Wright (al que Benny llamaba “Little Jackie”) era un señor bajito, calvo y enjuto, que era como la reencarnación física de la quintaesencia del viejo verde. Llevaba toda la vida currando de cómico de batalla y Benny lo fichó como colaborador estrella, dándole todo tipo de papeles. Jackie era la comparsa perfecta para el orondo cómico, gracias a su particular físico: su pequeñez contrastaba de forma muy cómica con la “grandeza” de Benny, lo cual daba lugar a situaciones disparatadas de alto voltaje cómico, en la mayoría de las cuales el pequeño Jackie acababa recibiendo en su calva una somanta de palos propinada por el sádico Benny. Veamos un ejemplo, el sketch del sommelier:
Otro clásico es cuando Benny y el viejo verde hacían de boy scouts guarreras, con un aire a Guillermito y su voraz apetito, pero haciendo todo tipo de gamberradas de tintes verdes. No, no tenían remedio:
Luego también está este, que resume la vida de un hombre en unos minutos. Desde el matrimonio hasta la tumba. El tipo muere por pura excitación, jugando al strip poker con su enfermera. Cerdo y figura hasta la sepultura:
Benny Hill hizo su show para la Thames hasta 1989. Diez años antes, en 1979, conquistó América, exportando su show, que tuvo un éxito demoledor en el país de las hamburguesas y la Coca Cola, recortando los shows hasta media hora para adaptarlos a aquel mercado. Además, creó unos espectáculos de tías buenas, inspirados en las “Kenny Everett’s Hot Gossip” pero también en la fiebre de los neomusicales y de las discotecas. Benny llamó a estos shows especiales “Los ángeles de Benny”. Hacían cosas como esta, es decir, señoritas macizas, música y diversión pero ya sin apenas argumento, puro gag de escenario desnudo:
En los 80, la carrera de Benny tocó techo: ya exportaba sus programas a los cinco continentes. Incluso Rusia y China tenían su Benny Hill doblado. Y hasta en España pudimos ver, hacia mediados de década, bastantes episodios del “Show de Benny Hill” en la segunda cadena de TVE. Yo recuerdo ver el programa con mis amiguitos, casi como si estuviéramos asistiendo a una proyección en sala X. Vale, no era tan cerdo como ver a escondidas los Lib de nuestros padres, ni como Cine de Medianoche, pero molaba ver a los conejos correteando medio en pelotas perseguidas por gordos salidos y viejos verdes; todo ello aderezado con un casposo trabajo de doblaje (las voces originales “in inglish” se escuchaban por detrás). Y molaba ver a Benny haciendo el tonto disfrazado de bombero, de botones o de sheriff, junto a su inseparable y entrañable Little Jackie:
Pero con el éxito llegó el agobio: Benny ya no podía viajar en el autobús de dos pisos (como le gustaba hacer) ni tomarse una pinta en la terraza de la esquina: todo el mundo lo reconocía y se reía a su paso, gritándole chascarrillos de programa que al artista no le hacían ninguna gracia. Benny se convirtió, desde entonces, en un ser reservado y escurridizo, muy celoso de su intimidad.

La fama mundial también le trajo a Benny la envidia y la crítica destructiva: aunque Benny gozaba del beneplácito de cómicos clásicos como Charles Chaplin, ciertos humoristas pelusones, como Ben Elton, acusaron a Benny de ser “un viejo verde que despelota jovencitas mientras las persigue por un parque”. No es mala definición, pero… ¿dónde quedan los palos políticos que daban Benny? Porque el corrosivo humor de Benny no respetaba nada: ni a la Reina, ni a la Thatcher, ni a los intelectuales, ni a la propia televisión. Todo y todos se veían reflejados y deformados por los chistes de Benny. Sí, la policía también:
El espíritu de los 80, que era más “fisno” y más conservador, no quería humor popular, sino algo más sofisticado e inofensivo. Los chistes de rubias buenorras, suegras feas, esposas celosas, políticos salidos y urólogos cachondos ya no hacían gracia a los guardianes de la moral y de la moda. Qué tontería, con lo divertidos que son los gags de jaimito, pero aderezados con ese toque cerdo enfermizo y acartonado, tan asquerosa y deliciosamente british:
En 1989 la Thames decidió retirar el show de Benny Hill. Las causas son variopintas. Por un lado, la repetición del formato (sí, hay que reconocer que Benny se durmió un poco en los laureles y empezó a dar más de lo mismo) hizo que la audiencia bajara notablemente. Por otro lado, la tele británica se hizo más mojigata y, en su lucha por ser considerada una “televisión de prestigio” eliminó las cosas más chuscas. Hoy, Benny Hill se ha convertido en un tabú en Gran Bretaña, que no repone sus programas por considerarlos “machistas”. Así, la flemática hipocresía británica pretende esconder la cara más sucia del alma inglesa. Esa cara borracha y salidorra que sólo enseñan cuando practican turismo vandálico en países como España.

En cuanto a Benny, la suspensión de su programa fue un mazazo para su ego. No es que le hiciera falta pasta, más bien al revés: tenía una fortuna en el banco y, para colmo, vivía en un chiscón de apartamento, con su señora madre y gastando lo justo para sobrevivir. El único lujo que se permitía era viajar de vez en cuando. O sea, que era de una tacañería enfermiza y amasaba millones, pero no gastaba un penique. Lo que le dolía a Benny es no poder hacer su show, perder popularidad, romper la forma de vida que lo había tenido activo todos esos años. Así que se puso en conversaciones con su agente americano a ver si podía hacer un show llamado “Benny Hill’s World Tour” en el que combinaría sus dos grandes pasiones: el humor y los viajes, emprendiendo una serie de periplos por distintas ciudades del globo, y aprovechando su condición de políglota (Benny hablaba, además de inglés, francés, italiano, alemán y holandés).

Pero el programa nunca llegó a realizarse: la edad (sesentaytantos) y el peso (más de 100 kilos) le empezaban a pasar factura a Benny, que en 1992 sufrió un ataque al corazón y tuvo que ser hospitalizado. Mientras estaba en el hospital, recibió la visita-sorpresa de uno de sus grandes fans: Michael Jackson. Seguro que se pusieron los dos a perseguir a las enfermeras (recordemos que Jackson fue novio de una enfermera en su día) como solía ocurrir en los sketches de Benny:
En esta época tan triste para Benny, curiosamente, estalló la auténtica Hillmanía en España, porque el canal privado Telecinco, emitió íntegramente “El show de Benny Hill”, cosechando auténticos éxitos de público en las primeras Batallas de las Audiencias que se libraron en España. Benny Hill fue invitado por Jesús Gil y Gil a su programa “Las noches de tal y tal”, donde el orondo cómico y el corpulento cacique se enfrentaron de broma en una guerra de bofetones. Este divertido viaje a España sería uno de los últimos que haría Benny, que, al regresar a su apartamento de Teddington sufrió otro ataque y le fue diagnosticada una insuficiencia renal. Fue entonces cuando los médicos le recomendaron hacer dieta y ponerse un marcapasos. Pero Benny se negaba en redondo: le gustaba comer lo que le daba la gana y no quería cosas raras y caras dentro de su cuerpo.

El 20 de abril de 1992, la dama de la guadaña fue a buscar a Benny Hill y se lo llevó de una trombosis coronaria. Tras el fallecimiento de su madre, Benny vivía solo en su modesto apartamento, gastando lo justo y necesario, como siempre. La muerte lo sorprendió solo, viendo la tele, y los vecinos no se dieron cuenta de la defunción de Benny hasta cuatro días después, cuando empezaron a notar un desagradable olor a “fiambre” que se filtraba por debajo de la puerta del piso de Benny. La muerte de Benny puede parecer triste y solitaria, pero no lo es tanto: al fin y al cabo, el cómico murió sentado en su sillón favorito, viendo la caja tonta. ¿Qué más puede pedir una auténtica estrella de la televisión venida a menos?

Cuando enterraron al avaro Benny, éste se convirtió en uno de los más ricos del cementerio, dejando detrás una fortuna de 10 millones de libras que se repartieron sus sobrinitos. Como corrió el rumor de que Benny había sido enterrado en plan faraón, es decir, rodeado de joyas y objetos de valor, un grupo de ladrones profanó su tumba la noche del entierro y Benny tuvo que volver a ser sepultado con una lápida de seguridad a prueba de cacos.

Pero la muerte de Benny es sólo física. Y, aunque la BBC America retiró su show el año pasado por “ofrecer una imagen retrógada y machista de Gran Bretaña”, ahí nos quedan sus DVDs recopilatorios, un auténtico regalo del Cielo que, aunque ha quedado algo rancio con el paso del tiempo, es una muestra inolvidable de un tipo de humor cerdo y vodevilesco que ha tenido sus herederos más punkis y extremos en “The young ones” o “La pareja basura” y el más asexuado en el “Mr. Bean” de Rowan Atkinson. Nos queda todo esto, sí, y también hacernos una foto con la estatua de Benny Hill que hay en el museo de cera de Madame Tussaud en Londres. Ahí está la réplica de Benny, vestido de botones, saludando con la mano en el gorro y su sudoroso y fofo rostro de pícaro inglés, siempre mirando de reojo a las chavalas:
Pero no nos podemos despedir en paz sin recordar una vez más al gran Jackie Wright, el viejo verde, calvo y tirillas que servía de percha de los golpes a Benny. Él también murió, en 1989, en Belfast, después de una larga enfermedad. En Estados Unidos tiene miles de seguidores y su propio club de fans. Lo que no tiene, de momento, es una estatua de cera. Pero sí miles de gags para ser revisados. Nos vamos con uno de los más extraños y minimalistas: una doble entrevista de Jackie a Benny y de Benny a Jackie. Tanto monta, monta tanto. Ambos eran, en el fondo, los coprotagonistas del show:
vaya currele, si señor¡¡
buena dildo
Yo esto lo veia de pequeño y la verdad para mi era todo comico.
ahora me doy cuenta que las tias estaban bastantes buenas, algunos videos me han sorprendido
| Dijo ck el 25/03/2008 a las 10:40 - #1 |
Gran trabajo. Benny fue un hombre denostado en su última época, y va siendo hora de reconocer lo gran cómico que era.
| Dijo Krustal el 25/03/2008 a las 13:59 - #2 |
maestro de maestros.pero,hace poco,me baje los primeros capitulos,con el primero me destornille de risa,es que es historico,pero con los demas ya empezaba a aburrirme.me parecia muy monotono.sin embargo,viendo repetidos los de mr.bean me partia de risa.
creo que benny fue el pionero,el mejor,pero el mundo evoluciona,para mi,verlo hoy en dia,capitulo tras capitulo me aburriria la verdad,prefiero el intermedio de wyoming,que por cierto,este se esta saliendo,es un crack
| Dijo luidri el 25/03/2008 a las 23:18 - #3 |
| Dijo diego de argentina el 25/03/2008 a las 23:34 - #4 |
Chapeau !!!!!
Un articulo que en vez de ponerte un 10 te pondria un 1000 !!!! Un buen artista un poco olvidado aqui en España a pesar que sus shows se emitieron mucho.
Me ha impactado saber de su vida privada, no sabia que era tan tacaño, ni que no se caso, quien lo iba a decir de este Don Juan televisivo !!!
Ya estoy deseando que hagas otro articulo de gente un poco olvidada, muchas gracias por ponerlo.
| Dijo Carol el 25/03/2008 a las 23:48 - #5 |
| Dijo El Pililo el 26/03/2008 a las 06:26 - #7 |
| Dijo juan andreu torres serrano el 26/03/2008 a las 12:25 - #8 |
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