Por Cle

 

Hace años, en una reunión de antiguos alumnos, me reencontré con aquellos amigos del colegio que hacía siglos que no veía. Unos nos decantamos por estudiar una carrera y otros recurrieron a la FP para aprender un oficio, generalmente fontanería y gas.

Dejando a un lado el tema económico salió a relucir una conversación bastante interesante, algo que a muchas personas nos excita sobremanera: el folleteo en el trabajo.
Siempre han existido los rolletes en el curro, la típica relación enfermera/médico, secretaria/director, etc.

Mientras cenábamos nos dedicamos a contar diferentes experiencias relacionadas con este tipo de rolletes hasta que uno de mis compañeros lanzó el dardo que cargó el ambiente de tensión, de tensión sexual claro.

Interrumpió a uno de mis colegas, dueño de una conocida joyería española, para apostarse con él lo que fuera a que siendo fontanero follaba igual o incluso más que él en el trabajo.

Su teoría, con la que estoy totalmente de acuerdo,  se basaba en las diferentes formas de morbo que podía generar un trabajo u otro. Lógicamente, el que tiene un buen puesto de trabajo, socialmente reconocido y bien remunerado, tendrá cierto imán para aquellas mujeres que mojan las bragas ante un buen fajo de billetes. Y no es lo mismo echar un polvo con alguien que te pone por lo que es, a follar con alguien por lo que puedas sacarle.

 

El butanero

 

Obviamente, te implicas más cuando te hacen aflorar los instintos sexuales más primitivos, el morbo más salvaje con el macho que te está arreglando el fregadero, agachado, con su mono azul marcando trasero y solucionándote la vida pues estás necesitada y urge que un macho fornido “te limpie las tuberías”.

Y es que cuando el río suena agua lleva, y aquello que decían del butanero no es leyenda urbana. Se puede follar bien cuando se trata de dinero o de posición social, pero definitivamente no igual a cuando se folla con verdaderas ganas de FOLLAR.

Después de varias copas de vino se le empezó a soltar la lengua y nos regaló diferentes historietas de maduritas cachondas y aburridas. Muchas de ellas se dedicaban a estropear adrede la lavadora o el lavaplatos para luego llamar al técnico de turno y poner en práctica todas sus artes de geisha para provocarle y terminar follando encima de la lavadora. Estos hombres no cobran por arreglar electrodomésticos o tuberías, estos suertudos cobran por follar, son los gigolós clandestinos de toda la vida.

 

El butanero

 

Por lo visto, muchas de estas mujeres están buenas, buenísimas (nos contaba este amigo), y sorprendentemente sus maridos no se las follaban, ya sea por trabajo, por dejadez y desgana o por asuntos de faldas…

Calientes perdidas que están y sin poder salir por ahí a ligar y poner cuernos a tutiplén, recurren a lo que muchos hombres hacen: la prostitución. Claro que está muy mal visto, incluso para una misma, eso de pagar a un tío para que te folle. ¿Qué hacer entonces? Llamar a cualquier hombre con el que poder estar a solas y al que poder pagar por algo que reemplace el polvo.

Nos contaba que una vez tuvo un trabajo en casa de una señorita de unos 35 años, bastante guapa, a la que supuestamente se le había atascado el lavadero. Estos hombres ya están vueltos de todo y conocen perfectamente cuando de verdad han ido a arreglar algo o cuando tienen que ejercer gustosamente de putón. Aunque obviamente existirán hombres casados y legales que no se prestan a ese tipo de prácticas… pero para un hombre soltero y sin compromiso, esto es un verdadero chollo. Se ahorran pagar miles de fantas todos los fines de semana, ellos tienen el polvo asegurado con cachondonas salidas que para colmo les pagan…

 

El butanero

 

Esta mujer, entre insinuaciones cada vez más descaradas y viendo que mi amigo no estaba muy por la labor, se desnudó allí mismo y le dijo que si no se la follaba le denunciaba por acoso sexual. Éste, totalmente acojonado, se la folló como pudo llegando a tener un record de veinte y tantos gatillazos en un solo polvo… el estrés y las malas formas no le dejaron disfrutar como otras veces había gozado. Esta mala mujer, mientras le lanzaba  tortazos en las nalgas, gritaba efusivamente a los cuatro vientos “vamos cabrón, empálmate o te denuncio, vamos hijo de la gran puta, muévete o te veo en chirona”.

Una hilarante situación entre otras mil experiencias positivas, de la que salió airoso y con un buen fajo de billetes en reconocimiento al esfuerzo. Al final la loca fue, al menos, agradecida.

Así que ya sabéis chavales, si estáis pensando en entrar en el mundo de la prostitución pero os importa el qué dirán, meteos a recaderos, fontaneros o butaneros, ganaréis pasta según lo bueno que estéis y además follaréis como los que más.