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lunes, 19 de Noviembre de 2007

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Los Cebolletas

Viejos verdes que ?molestan? mujeres y niñas en tumultos
La invasión de las Ramblas barcelonesas y el metro madrileño por ancianos frouteristas vuelve a poner esta parafilia sobre el tapete

Por Dildo de Congost
http://blogs.putalocura.com/dildo

?Froteurismo: deseo o conducta recurrente de tocar o frotar el cuerpo de otra persona desconocida sin su consentimiento. Los contactos físicos suelen realizarse en lugares públicos o masivos (como paradas de autobús, tiendas o transporte público) para lograr un mejor anonimato. El orgasmo suele alcanzarse tiempo después con la masturbación.
Profesor López Alfajor, ?Cuadernos de la vida sexual.

 



Sí, señoras y señores, el froteurismo, ponicionismo o frottage es una parafilia que se ha vuelto a poner de moda el pasado verano, tal vez por aquello de los calores, cuando saltó a las páginas de los periódicos (que, por otra parte, en la temporada estival andan escasitos de informaciones relevantes) una noticia bastante singular y bizarresca: ?Los cebolletas acosan a las mujeres en las Ramblas de Barcelona.

 


Los ?cebolletas son hombres de avanzada edad (de 60 años p?arriba) que vagabundean por las Ramblas en busca de aglomeraciones y, cuando ven una, aprovechan para acercarse a las chicas jóvenes o a las niñas y rozarlas con la zarpa o frotarles el paquete. Sienten debilidad, sobre todo, por las turistas veinteañeras.

 

 

Algunos de estos hombres usan bolsos de caballero con bandolera (equivalente ?moderno a la antigua ?mariconera) para disimular y escudarse sus partes si son sorprendidos ?in fraganti o para ocultar cámaras con las que fotografiar/grabar sus actos para luego onanizarse en casa.

 

También se les puede ver acariciándose la virilidad mientras huelen y se comen con los ojos a las tías que tienen cerca. Estos viejos verdes se escudan en la presunta ?venerabilidad que se le presupone a sus canas y en el hecho de que lo que hacen es un acto ambiguo (es difícil saber si rozan sin querer o con alevosía) para que sus víctimas no les denuncien. Y, al parecer, la policía se muestra impotente: ?No podemos hacer nada sin una denuncia previa, afirmaba un ?mosso d?escuadra.

 

 

Como no podía ser de otra forma, los compañeros periodistas de Tele 5, que tampoco sabían con qué rellenar sus ya de por sí inflados informativos, grabaron un reportajillo bastante extremo que pronto alcanzó la categoría de ?pieza de culto en YouTube:


 

 

A juzgar por los comentarios vertidos junto al video o en distintos blogs, los cebolletas no gozan de la simpatía del viandante medio: ?¡cebolletas cabrones rozaros con un cactus!, dice un tal Umbrio; ?¿Les gustaría que les hagan eso a sus hijas? Que asquerosos hay que quejarnos, añadía Exoticaplaya.

 

En el foro www.elotrolado.net una tal 40gigabites dice: ?Pues a mí me pasó una vez, estaba viendo un concurso de perros adiestrados y un viejo de esos se me puso detrás.

 

Yo no me di cuenta hasta que empezó a hacer movimientos extraños y le di un codazo que le debió doler lo suyo y se fue. La cosa no iría a más pero cuando lo seguí con la mirada vi que se lo hacía con una cría de unos 7 u 8 años, la madre estaba al lado u no se enteraba porque estaba viendo el espectáculo, así que fui hacia él muy cabreada y, a voz en grito, le llamé guarro indecente y lo puse de vuelta y media para dejarlo en evidencia. El tío con una cara de ladrillo impresionante no dijo nada y se fue. Que asco me dio.

 

Pero no nos pongamos nerviosos, porque estos casos hay que mirarlos con ojos de entomólogo, desde un prisma científico, sin inmutarse.

 

Analizando la etimología del término ?cebolleta, veo que procede de dos fuentes: por un lado, de la expresión popular ?arrimar la cebolleta, o sea arrimar el pene o polla (a otro cuerpo); y por otro, del popular personaje de cómic El Abuelo Cebolleta, un viejo plasta y pesado creado por el historietista Manuel Vázquez para su tebeo ?La familia Cebolleta, pero que, por cosas de la censura (era un cómic infantil) carecía de sexo.

 

 

La versión moderna y nipona de este personaje sería el Duende Tortuga, creado por Akira Toriyama para ?Dragon Ball, un personaje que, pese a ser también infantil, sí tenía sexo, es más, estaba obsesionado con él, todo el santo día mirando revistas porno y acosando a las mujeres y las niñas: era, pues, la quintaesencia del viejo verde, el cebolleta por excelencia.

 

 

Aún así, el grupo infantil Estefanía y los Gominas le dedicó esta simpática canción al abuelo Tortuga:


 

Pero no nos echemos las manos a la cabeza que, aunque ahora se haya puesto de moda ?como el ?terrorismo machista- porque sale en la tele, esto del ?frotteurismo es más viejo que Matusalén (otro viejo verde, y van?).

 

En 1886, el doctor Richard von Krafft-Ebing, pionero de la sexología y la medicina forense, ya apuntó varios casos de lo que él llamaba ?frotismo en su libro clásico ?Psychopathia sexualis.

 

 

Veamos varios extractos del caso de Z, un rico funcionario viudo: ?En las iglesias, Z se situaba detrás de las mujeres, tanto jóvenes como viejas, y jugueteaba con los polisones de sus faldas. (?) Durante años había sentido el impulso de adentrarse entre la muchedumbre de iglesias, teatros, etc., de arrimarse a las mujeres por detrás y de manipular el bulto posterior de sus vestidos, lo que le producía una eyaculación y un orgasmo. (?)

 

Aunque sabía que dicho acto no estaba bien, Z no era capaz de aguantarse. Sólo lo excitaban las mujeres por atrás y se veía obligado a buscar oportunidades para frotarse contra ellas. (?) Poco le importaba si la mujer era vieja o joven, hermosa o fea. Desde que esto había comenzado, las relaciones sexuales naturales dejaron de interesarle y sus sueños se poblaron de escenas de frotismo.

 

Como cada persona es un mundo, hay tantos tipos de froteuristas como enfermos pero, al parecer, la evolución de la parafilia es parecida en todos ellos: un periodo de seis meses durante el que tienen fantasías sexuales recurrentes de gran intensidad asociadas al hecho de tocar y rozar personas contra su voluntad. Y, tras el periodo, latente, un salto a las calles para arrimar cebolleta como demonios.

 

Según el profesor López Alfajor, ?esta conducta provoca un malestar clínicamente significativo o deterioro social o laboral o de otras áreas importantes de la vida del individuo. Y lo peor es que la depresión hace que aumente la frecuencia de estas prácticas. Esto cuando el enfermo es joven, claro, porque si es un jubileta que no tiene nada de perder y, en muchos casos, está fuera de la edad penal, pues nada, como se suele decir, a la vejez viruelas.

 

 

Pero si el froteurista es joven y bien parecido, existe la posibilidad (remota, pero real) de que la mujer acepte de buen grado sus caricias, por lo que la cosa puede acabar en charla para quedar más tarde a follar, una oportunidad que el frouterista no suele utilizar, porque sólo consigue placer gracias al frotamiento no consentido. Si la mujer acepta, adiós morbo.


Lo más escalofriante de todo es que los cebolletas no sólo se frotan contra mujeres y niñas en las Ramblas: algunos se arriman también a niños? ¡y a hombres! Al parecer, deambulan por el metro de Madrid (ciudad mondrigona) en hora punta y aprovechan los achuchones para rozarse.

 

 

Muchos de ellos son ancianos ociosos que hacen sus quedadas para actuar en equipo. Por supuesto, no debemos confundir estas prácticas malsanas con el ?bracing (arrimar tu brazo o mano a la de una tía al pasar, para ligártela; algo más propio de institutos) o el ?dirty dancing (arrimarle la cebolleta a una tía a las nalgas en la pista de baile para que note tu virilidad; aunque es arriesgado y puede terminar con un bofetón o pelea con el novio, también hay gente que liga así y triunfa).

 


Por último, decir que esta parafilia no es exclusiva de países en vías de desarrollo como España, Brasil o México. Naciones tan modernas como Japón son punteras en cebolletismo: no en vano, en el metro de Tokio el problema del toqueteo furtivo llegó a ser tan grave (allí tienen superpoblación extrema y el metro en hora punta va a tope) que, desde 2005, no sólo existen señales que advierten a las jóvenes de la proliferación de ?cebolletas, sino también vagones de color rosa sólo para que viajen mujeres en hora punta.

 

 

Como contrapartida, en Japón también hay clubes de fetichistas con falsos vagones de metro llenos de putas disfrazadas de colegialas para que, previo pago, los cebolletas más pudientes disfruten de su vicio sin temor a recibir un sopapo.

 

 

Yo también quiero aportar mi granito de arena y, para evitar sustos, propongo desde aquí a las autoridades competentes de Madrid y Barcelona que habiliten ?cebolletódromos para que los jubilados más guarreras se diviertan a gusto los cuatro días que les quedan con putas pagadas por la Comunidad de Madrid o la Generalitat de Catalunya.

 

 

¿No subvencionan los cambios de sexo? Pues nada, que los viejos verdes también son personas. ¿O no? Mientras tanto? tengan cuidado ahí fuera y, ahora que viene la Navidad, no dejen que sus hijos se suban en el regazo de Papá Noel, porque ¿quién les garantiza que bajo ese entrañable disfraz no hay un macilento ?cebolleta listo para frotar?


Tags: cebolletas - abuelos - froteurismo



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