Es el sino de las mujeres
¿Quién no recuerda ese fantástico anuncio de tampones protagonizado por Silke y dirigido por Isabel Coixet, en el que la musa del buen rollito
¿Quién no recuerda ese fantástico anuncio de tampones protagonizado por Silke y dirigido por Isabel Coixet, en el que la musa del buen rollito se iba con su Tampax muy contenta a la India y allí hacía cantidad de amiguitos? ¿Y esos virginales spots de compresas, de púberes recién duchadas, con mejillas coloradas y una sonrisa feliz en el día de su regla? ?Y no pasa nada, Nada, han dicho durante años los anuncios de Evax (la primera mujer, no lo olvidemos). ¿Cómoooooo? ¿Que no pasa nada?

Seguramente, si ha habido un género de anuncios mentiroso y dañino, ése es el de los dedicados a la menstruación, pues nada más lejos de la realidad que esa aparente alegría que transmiten las imágenes, siempre cándidas y dulces, de ?esos días?.
La realidad es bien diferente, durante los días previos a la regla las mujeres sufren una transformación lunar, similar a la del hombre-lobo o de Jekyll y Mr Hyde. Y una parte de la culpa lo tiene la masculinidad, fijaros por donde, pues en los días previos a la ovulación, las mujeres comienzan a producir... unas pocas hormonas masculinas.

Sí, así es nuestra naturaleza, como la de los monos o las ratas, donde el fenómeno se ha estudiado en laboratorio, siempre aparece la ley de los opuestos. Durante unos días, el interior de las mujeres se trastoca por completo con el fin de garantizar su fertilidad, produciendo hormonas a mansalva, incluidas masculinas (testosterona), aunque en menor cantidad que los hombres, claro. No por casualidad, es en esos días previos a la ovulación, cuando el deseo sexual en la mujer es más intenso.

?Estadísticamente, las relaciones sexuales son más frecuentes cuando la ovulación está a punto de producirse... Estos resultados afectan tanto a las monas como a las estudiantes de las universidades americanas, en cuyo caso los trabajos de Persky han revelado que las pulsiones sexuales aumentan con motivo del pico hormonal previo a la ovulación, señala Jean Didier Vincent en su interesantísima ?Biología de las pasiones, publicada por la editorial Anagrama.
Aún con la confusión inherente al mundo en el que vivimos, sólo con un conjuro se puede explicar que las mujeres hayan llegado a asimilar como cierto algo diferente a lo que viven en sus propias carnes. A saber: que realmente no les pasa nada durante esos días. Fijaros el calibre del lavado de cerebro: si no hay sangre en el exterior, parece que no pasa nada en el interior. La realidad, que todos conocéis, es que algunas mujeres sufren tantos dolores que se tienen que quedar en cama, muchas se marean o tienen vómitos. Eso, los signos más aparentes, porque, evidentemente, hay otros cambios en el carácter que no por sutiles son menos importantes.

No os cuento nada nuevo aunque de esto no se puede hablar hoy en público, por mucho que digan Silke, Evax o Tampax, las mujeres no son las mismas durante esos días. Lo habréis podido comprobar en vuestras hermanas, novias, amigas o esposas. Durante esos días, su comportamiento se escapa a la lógica, sus reacciones son irascibles por cualquier minucia, pero ellas se empeñan en que no les pasa nada (como dicen Evax y Tampax), que todo es maravilloso, que eres tú quien no lo entiendes.
Recuerdo ahora, a una compañera de trabajo que llegó un día con un conjunto de minifalda y chaqueta de ante, que le había costado un pastón. El cabreo que se pilló cuando la impresora no funcionaba, la abrió con esa energía que se gastaba la asturiana Ana y le saltó un chorro de tinta roja como eso mismo que estáis pensando. Luis, Gaboni, Bruno y el que os habla nos tuvimos que aguantar la risa porque conocíamos el carácter de Ana, y eso que estábamos de coña todo el día.

No se le ocurrió otra cosa que volver a la impresora, y le volvió a saltar otro chorro, todavía más grande. Un cuadro. Nadie se atrevió a hacer ningún comentario, ni siquiera el jefe, tal era la tensión que se respiraba. Ana se fue al cuarto de baño sollozando y volvió algo más relajada, secándose las lágrimas. Nadie hablaba en la oficina. En un momento dado, a otra compañera se le ocurrió decir que la leche quitaba ese tipo de manchas.
¡En qué hora! Ahí la tenéis, con el tetrabrik, regándose la preciosa falda y frotando mientras gimoteaba. La tensión se mascaba en el ambiente, hasta que estalló. El traje estaba hecho una auténtica pena, y Ana comenzó a gritar y a cagarse en todo. Vaya situación. Sólo después de marcharse, pudimos hacer alguna coña (incluidas las tías, por supuesto). Ese día, Ana venía sobrehormonada.

La reacción defensiva de los hombres es tomárnoslo a broma, pero la cosa es seria, tan seria que ahora sospecho que una gran parte de las trifulcas que hemos tenido con el género femenino se han producido durante esos días o en los previos, pero claro, nunca habéis podido hablar de ello porque, simplemente, estaba prohibido (No pasa nada, recuerda). Pero sí que pasa, y mucho.
A mí me gusta mucho hablar con las tías, pero a lo largo de mi vida, sólo recuerdo a tres amigas con las que haya podido hablar sobre el tema en diferentes etapas de mi vida (Helena, Gema y Pepa). Todas ellas tienen en común ser unas tías sinceras y con mucho sentido del humor, si no tienen de lo segundo, en esta época de dogmas feministas ha sido imposible que una tía te contara lo que estaba pasando porque suponían que reconocerlo las hacía más débiles.

Desde hace algún tiempo, llevo intentando convencer a alguna mujer para que cuente en la revista-web que tengo con unos amigos (www.sonotone.net) cómo es eso de tener la regla, pero nunca lo he conseguido.
El otro día, una tal Candela se atrevió a pegar un post en nuestro foro (http://209.41.34.164/forotone/main/) , donde relataba cómo se sentía en los días previos a venirle ?eso, justo antes de emprender un viaje, precisamente en ese momento.
Al loro: ?A continuación me he encendido mecánicamente un cigarrillo, he pensado que no hacía otra cosa más que fumar, ¡ y luego no quería estar mala!. Me he visto los pulmones negros, tan claramente como si mirara una radiografía.

Luego he pasado a la autocompasión, pensando que todo esto lo ideal sería decirlo en voz alta, quejándose y por supuesto teniendo delante a una auténtica víctima (llámese marido, novio, pareja). Porque seamos francos: Necesitas cabrear a alguien, que, traducido en mente femenina, significa demanda de consuelo; ¡No te lo pierdas! Y sacar esa cosa que llevas dentro (que no sabes qué es) y probablemente acabar llorando mientras el otro se ha ido horrorizado a comprar el periódico (sin entender, lógicamente, nada de nada).
Pero no, encima, más sola que la una, ¡Así no vale!
De inmediato ansiedad, (ese agobio total que parece que te vayas a morir oyéndote el corazón a todo ritmo) y de pronto, cuando te tranquilizas porque no te crees ni tú, lo que te está pasando, se hace la luz... Tanta negatividad, tristeza, mal humor, en definitiva ?neura, es por que ?voy a estar con la regla.

Imaginaos que pasáis por eso una vez al mes, que sabéis que vuestro estado va a cambiar con cada luna y al mismo tiempo no lo puedes reconocer porque está prohibido por la corrección política. Lo cuenta Candela, divinamente. ?Esto es de pena: durante unos días, ¡los malabarismos que hay que hacer para sentirse bien!. Si hoy me preguntas por cualquier cosa, la tengo que filtrar antes de contestar; es como si una no fuera una. Le he tomado hasta miedo a ese baile de hormonas: las peores disputas y cosas que me han pasado han sido en esos días.
Es muy jodido, tienes que estar al loro de lo que te pasa, mentalizada, ya que en mi caso, no me duele nada, cosa que me serviría de aviso, y con una facilidad tremenda me voy de madre. He llegado a levantarme de la cama llorando como una Magdalena, así por las buenas...
Y cuando más ofuscada estás en lo desgraciadíta que eres, ves lo que ves y dices... ¡Ahhhh, era esto! Es a partir de ese momento cuando comienzo a respirar tranquila, sé que voy a volver a ser yo y prometo que no me parezco a ésta, nada de nada.

El comentario de Candela lleva implícito que reniega de ella misma durante esos días, como les pasa a muchas tías, ?no son ellas. Seguramente, y esto ya es una opinión muy personal, porque la sociedad obliga a que la mujer siga produciendo durante esos días en sus respectivos trabajos, es decir, tiene que hacer una vida normal, cuando a lo mejor lo que de verdad le pide el cuerpo es quedarse en la cama y dejarse cuidar. En una palabra, aceptar su fragilidad, un componente inherente a la femineidad... pero claro, hoy día las mujeres tienen que ser fuertes y no dar síntomas de debilidad, sobre todo, delante de sus hombres, no vaya a ser que se acostumbren a su protección, y un día se marche y...
En fin, quien tenga pareja, por su bien y por el de los demás, trate de sacar el tema algún día, ríanse de los anuncios de compresas y tampones. Acabar con el mito de ?no pasa nada nos hará muy bien a todos.
Feliz verano, que me voy de vacaciones.