Se inicia aquí la seccion "VIAJES CON LA SANA INTENCION DE FOLLAR", que es casi como irse de putas, pero conociendo gente, gastronomias variadas, paisajes coloridos y otras cosas
Si tu, lector de putalocura, este veranito te vas a ir a algun sitio con la sana intencion de follar, saca unas cuantas fotos de tu viaje y cuentalo para todos.
Obséquianos con fotos de las titis que te has ligado (lo mismo para las chicas, aunque se que ellas nunca escriben, porque son mas modositas), cuentanos como fueron esas torridas noches de verano, como ocurrio aquello? que pibon te ligaste y que te hizo
Esperamos como locos esas confesiones, si van acompañadas con fotos, mejor
Por fin tienes la oportunidad de contar tus habilidades y peripecias
Aquí os dejo con el primero que ha decidido romper el fuego:

Querido Torbe:
Hace ya cosa de un año mis hormonas desatadas me llevaron a la ciudad de Odessa, en el sur de Ucrania, en busca de una tierna ucraniana de la que me había embelesado en Budapest ocho meses antes.

Era verano y el vuelo de la British Airways llegó puntual al aeropuerto de Kiev. Pasé el control de aduanas gracias a la visa obtenida en la embajada de Madrid tras sortear la complicada burocracia excomunista y pagar el diezmo correspondiente.

La ucraniana respondía al nombre de Anastasia, el nombre de la hija menor del zar Nicolas II, y añadía el curioso dato a su expediente de llevar el apellido Trotsky. Pero bueno, eso no importa a nadie. Lo que sí interesa es que Anastasia estaba buenísima, que siendo bajita tenía unas tetas de infarto, un culito de embolia y unos ojazos verdes, un pelo rubio y unos labios de muerte.

La verdad es que viajaba con pocas esperanzas, pero tenía dinero y tiempo libre, así que me animé a embarcarme en la aventura.

Claro, entonces yo no sabía que hasta 400.000 mujeres menores de 30 años habían dejado el país en la última década para formar parte del mercado del sexo. La verdad es que me podía haber ahorrado el viaje, que después de sumar y restar me costó el equivalente a veinte polvos mercenarios en Málaga, casquete más, casquete menos.

Para mi sorpresa (el plan B era irme a Kiev y buscar compañía para las tres semanas en las que salía mi avión de vuelta) Anastasia me recogió en Kiev y fuimos esa misma noche en compartimiento de lujo a Odessa.
Esto quiere decir que durante el viaje de ocho horas te servían té o café. Una vez. Ya a la mañana siguiente, sin haber follado ni nada de nada, comprendí el éxito de las putas ucranianas allende las fronteras. Es bastante sencillo de explicar:

las ucranianas están buenísimas. Es extraño, pero parece que el número de tías buenas en los países europeos es directamente proporcional a la suma de los grados al este que te desplaces del meridiano de Greenwich.

Como nota cultural que nos ayude a comprender el espíritu ucraniano, el día de San Jorge (23 de abril), el sacerdote de turno, revestido y asistido de sus acólitos va por los campos del pueblo correspondiente, donde las mieses están empezando a mostrar su tierno verdor en los surcos y los bendice.
Después de esto, los casados jóvenes se tumban emparejados sobre los sembrados y ruedan varias veces por ellos, en la creencia de que hacer esto excita el crecimiento de la mies. ¡Así están!

La ciudad es muy bonita, aunque algo caótica y descacharrada, con museos, playas privadas y una zona de marcha que no tiene nada que envidiar a Ibiza en Itaca Playa.

Allí, en la discoteca Palladium, una gorda ucraniana me enganchó para bailar, y creo que cuando le dije en mi ruso patatero que era español, rebuznó. Y es que tenemos una ventaja, amiguetes, a los alemanes, no los soportan, pero los españoles seguimos conservando allí nuestra mística aura carpetovetónica.
Es decir, que nos podemos poner morados. Desgraciadamente, yo soy de los de piñón fijo e iba a por Anastasia.

Me estuve alojando en un piso frente al de su padres, desayunando, almorzando y hasta cenando allí muchas veces. El padre me preguntaba cosas como si en España había plátanos y demás. Yo le contestaba todo a través de su hija, a la que me quería cepillar cuanto antes por todos y cada uno de los agujeros de su cuerpo.

Pasaron tres semanas y nanai de la china. Lo intentaba por activa y por pasiva, pero ella se resistía. Me decía que era virgen, que solo tenía diecisiete años, y que bla, bla, bla.Yo me veía obligado a soportar la visión de la piel adolescente de Anastasia y sus amigas ( a cada cual más potente), mojadas por el agua del mar negro, enfundadas en sus tangas (en ucraniano, vpopu, que quiere decir, ?dentro del culo) y haciendo top-less mientras jugueteaban lésbicamente (Tatu no era un fenómeno internacional, pero allí ya ví sus videos en Mtv Rusia) entre inocentes y pristinas risas.

Finalmente decidí tenderle una emboscada que ni la resistencia iraquí. Compré dos pasajes para un crucero por el mar negro con parada en Yalta. El sitio perfecto para cepillarte a una ucraniana. Ambiente de lujo, cena a la luz de las velas. La sueve brisa del verano?

Me enrollé con ella en la cubierta y acabamos en el camarote. Cada uno en su cama. Ella empezó a chincharme. La amenacé con meterme en su cama. Ella siguió con el tonteo. El mensaje era inequívoco. Me metí en su lecho mientras los primeros relámpagos iluminaban el cielo tormentoso. El barco subía y bajaba de forma mareante.

Empecé con los besos y pasé a sobarle el parrús, que me sorprendió gratamente con un matiz de humedad y un leve pelaje. Me hervía la sangre. Me había costado tres semanas y una pasta, pero al fin?¡me la iba a pasar por la piedra del amor!

Sus gemidos se confundieron con el retumbar de los truenos mientras la masturbaba. Pasé a limpiarle los residuos de Chernobil del coñito a base de lenguetazos, pero se asustó y pensó que me la iba entabicar allí mismo y a la primera de cambio, así que frené el ritmo unos segundos y la dejé creer que iba a dominar mi testosterona.

Cuando sus gemidos se convirtieron en espasmos de placer y se corrió en mi boca, saqué mi herramienta palpitante de su escondite y la penetré, haciéndola arquearse de dolor mientras tensaba las piernas y gritaba. No hubo respuesta agresiva. Ni arañazos, ni mordiscos. Solo una dulce rendición y algunos gruñidos de dolor mientras terminaba de romperle el himen.

A pesar del mareo del sube y baja del barco, seguí taladrándola un buen rato hasta que me derramé sobre ella. No había usado condón y no quería que al cabo de los años un miembro de la mafia ucraniana viniese por Torremolinos pidiéndome una pensión y el apellido. Nos quedamos abrazados.

A la mañana siguiente nos pasó algo bastante gracioso. Después del desayuno y de entregarle la sábana manchada a una limpiadora, que me la cambió por una limpia con una sonrisa cómplice, llegamos a Yalta.

Estábamos entrando en el puerto cuando me puse cachondo, la pillé otra vez en el camarote cuando se cambiaba de bragas y me la follé de nuevo en la litera. Esta vez la puse encima mía para darle unas clases de equitación. Cuando llevaba la pobre (todavía le dolía) una rato rebotando sobre mí, me di cuenta que nos observaban muy atentos varios miembros de la tripulación, que se supone preparaban el amarre, a través de la ventana del camarote. La tendí en la cama, corrí la ventana y luego terminamos la faena. A pesar de quedar exhaustos, pudimos visitar la ciudad

En fin, solo deciros que merece la pena ir a Ucrania. Los viajes organizados dan menos problemas. Yo, al ir por mi cuenta, tuve alguno con la mafiosa policía ucraniana y con las líneas de autobuses, pero lo solventé todo. Con Anastasia ya no tengo contacto y en sus últimos e-mails me contaba que tenía un novio ucraniano. ¿Le habrá contado que se estrenó con un español?
Ahora la recuerdo, me pongo melancólico y pienso?joder?¡que tetas tenía!