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No bebe, no toma drogas, no le gustan las fiestas, le gustan las cosas cursis como El Señor de la Danza
Phoebe Dollar (amiga)
Hace cosas vergonzosas, como hacerse mamadas asimismo. Siempre dice, ¡no soy marica!, ¡no soy marica!, pero sigue chupándose su polla
Herschel Savage (ex-actor porno)
Me gustaría ver a Richard Burton o a Sir Laurence Oliver hacer Macbeth, memorizar todo ese texto y tener una erección
Ron Jeremy
Por fin los aficionados españoles pueden disfrutar de un documental alegre y divertido donde el porno no sale mal parado ni se le asocia con ningún tipo de actividad delictiva. A lo largo de 75 minutos, se repasan la historia, amoríos, inquietudes y entretelas de Ron Jeremy, único superviviente de una generación legendaria de folladores que han inspirado a los cachas que hoy se benefician a las figurantes que pueblan el universo X. Hemos tenido que esperar más de cuatro años desde su estreno en los USA para disfrutar del mejor trabajo de Scott J. Gill (director, guionista y co-productor), ayudante de pelis de horror de bajo presupuesto, formado en telefilms de sobremesa. El documental está estupendamente ilustrado a base de imágenes de archivo y declaraciones de personalidades, retiradas o en activo, con más tirón del gremio (Jenna Jameson, Larry Flint, Matt Zane, Tabitha Stevens?). Como señalan varios aficionados entrevistados en este dvd, los que empezamos a ver porno en los años 80 crecimos viendo como, a su vez, el miembro de Ron crecía dentro de aquellas inolvidables actrices que nos arrebataron la inocencia: La primera vez que ví a alguien teniendo relaciones sexuales fue con Ron Jeremy en una cinta Betamax, era de mi tío / El es el mejor, él me enseñó a chupar coños, él me enseñó a follar. Ya sabes como tratar un coño. Ver su perfil tan singular (del que parece sentirse orgulloso) y tan opuesto a sus compañeros fibrosos, da esperanzas al espectador y suscitan su simpatía. Por lo tanto, no resulta infrecuente que en sus apariciones públicas sea recibido con honores de estrella, entre vítores y aplausos de numerosos e incondicionales fans. Su figura no siempre fue un arma de destrucción masiva de líbidos. A partir de la década de los 80 la espigada anatomía de Ronnie fue adquiriendo volumen hasta que empezó a circular el rumor, a veces cierto, de la negativa de algunas actrices a follar con él espantadas por este ser antropomorfo. Como cualquier famoso, Ron arrastra a una pequeña legión de freaks que se le echan a la yugular a la menor ocasión. En algunos pasajes se le ve soportando con estoicismo a energúmenos enfurecidos (entre ellos a los castos de la Coalición Antipornografía o neonazis) dedicados a insultarle a pleno pulmón en programas de televisión: Deberías ir a la cárcel por todas las cosas que has ayudado a empeorar en esta país y no creo que debas estar tan orgulloso de ti mismo / Tendrían que colgarte, imbécil, lo que haces es enfermizo y degradante, deberían pegarte un tiro. También algunas vacas sagradas, como Al Goldstein, coleguilla de lengua afilada, parecen atragantarse en ocasiones con la oblonga silueta de nuestro peluche, sino vean lo a gusto que se despecha tío Al: Creo que Ronnie es la prueba de que alguien tenía que haber practicado el control de natalidad. La cámara desvela con precisión los secretos de este judío no practicante natural de Nueva York, que a sus 52 años sigue sumando muescas a su miembro de 24 cms, degustado por un número de féminas cercano a las 3.000 a lo largo de unas 2.000 películas (1.600 citan en el documental) que componen su filmografía. A estas escalofriantes cifras (así se rompen las estadísticas de los sondeos sexológicos) habría que añadir entre 500 y 1.000 mujeres que, según sus propias palabras, se ha trajinado cuando los focos no le iluminaban. Aprovechando el repaso al baúl de los recuerdos, se exhiben vídeos e instantáneas de la infancia y pubertad realmente impagables. Estos años aparecen marcados por varios acontecimientos claves en la existencia de Jeremy: La muerte de su madre a causa del parkinson, la pérdida de su virginidad en la adolescencia con una amiguita llamada Carrie (me puse el condón al revés (?) básicamente me folle al condón), el paso por la universidad (estudió para profesor de educación especial y ejerció durante dos años? Sí, da para muchos chistes fáciles), su posterior graduación en teatro (ingresó en una compañía en el Bronx) y, por supuesto, su casual ingreso en la industria a mediados de los 70 gracias a una foto que envío su novia a la revista Playgirl. Lo que iba a ser un paréntesis para recolectar un poco más de pasta y continuar con la carrera de teatro se alargó más de lo esperado. Algunos directores que hacían porno hacían también películas convencionales, así que pensé que si les gustaba mi trabajo en el porno me darían trabajo en las películas convencionales. Fue una época dorada, para muchos la mejor de cine X en los USA, con producciones cuidadas, argumentos, localizaciones y con una distancia entre el cine convencional y el porno no tan evidente. El propio protagonista de la película lo describe con nostalgia: Fue una gran época en los 80 y a finales de los 70 (?) No había viagra, así que no todo el mundo podía ser una estrella porno. No teníamos prueba de VIH cada mes. Se recogen decenas de mini entrevistas, escenas previas a los rodajes, making off y, por supuesto, varias anécdotas jugosas como las relacionadas con la batalla legal que se estableció (y se sigue estableciendo) contra la pornografía en la que Ron se erigió como uno de los activistas más comprometidos. Amante del sexo y de la comida en igual medida, a este pequeño ególatra se le nota que es una persona campechana y sencilla, el tío que todos quisiéramos tener. No tiene reparos en explicar sus trucos para conseguir la erección, en cómo realizar un buen cunnilingus (es toda una autoridad contrastada por varias profesionales? Nina Hartley, otra virtuosa del lengueteo, fue su maestra) o bien en exponer las técnicas a emplear para evitar una corrida a destiempo: Hay que pensar en algo asqueroso. Yo pienso en Vietnam, en heridos de guerra, en pastores alemanes, en animales de granja, en mi abuela, en parientes muertos. El documental alcanza algunos momentos Zen absolutamente delirantes, como cuando una audaz periodista le pregunta Ron, tienes un pene muy grande ¿cómo es eso? En definitiva, Porn Star, La Leyenda De Ron Jeremy es un retrato imprescindible, divertido, ilustrativo y, sobre todo, esperanzador para todos aquéllos cuyos cuerpos hace tiempo que pasan desapercibidos al género femenino. Y recordar, podéis contribuir con vuestros soliloquios, pajillas mentales, preguntas y demás en nuestro . 








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