Deep Throat fue un hito en la historia de la sexualidad moderna. Era la primera vez que respetables mujeres de clase media iban a los cines porno. Rompió las normas tradicionales del decoro. Camille Paglia
Es un festín de carroña y miseria. El nadir de la lujuria. Como sodoma y gomorra antes de arder. Esta garganta merece ser degollada Judge Tailer (Juez Penal de Manhattan)
Presentada en España en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Dentro de Garganta Profunda (Fenton Bailey y Randy Barbato, 2005) deja una sensación extraña. Parece que en los USA se hubiese detenido el tiempo. Las circunstancias que rodearon el estreno de Garganta Profunda (Gerard Damiano, 1972) parecen repetirse eternamente. Prosigue la misma cruzada moral anti-pornográfica impulsada por los republicanos (actualmente se están planteando ilegalizarla, como en antaño), se inician otras guerras salvajes contra países subdesarrollados, una parte importante de la población civil lucha por mantener los derechos civiles, los pacifistan van ganando fuerza... El dúo Bailey/Barbato realizan la autopsia de una sociedad tan demencial como fascinante.
El cine X emerge de las catacumbas Acogida con frialdad por el gran público norteamericano (medio millón de dólares de recaudación en los cines) pero alabada por la crítica, Inside Deep Throat es un ameno documental producido por el oscarizado Brian Grazer (productor del peñazo Una Mente Maravillosa) que narra cómo un ex-peluquero (Damiano) puede poner patas arriba a un país con una peliculilla resultona pero con pasajes que rozan la cutrez.
Una de las principales conclusiones que se extrae de Inside? es la confirmación del nacimiento de un floreciente negocio. Para aquellos que desconozcan las cifras, Garganta Profunda se rodó en 6 días con un presupuesto de 25.000 dólares, recaudó 600 millones, vendió más de 3 millones de copias en VHS y, en definitiva, se convirtió en el título más rentable de la historia del cine, compitiendo con las super producciones de Hollywood (alcanzó el puesto 11? en el boxoffice). Nixon primero y el FBI después, se empeñaron en sacarla de los cines, proporcionando con maniobras prop? de la gestapo una fastuosa campaña de promoción. Todo gratis.
Al final lo que desapareció de la escena fue los ajados mofletes de Nixon. La peli se convirtió en un fenómeno social (¡hasta Jackie Kennedy fue a verla!), si bien algunas cabezas de turco, como el protagonista Harry Reems, estuvieron a punto de pasar una pequeña temporada entre rejas. Esté último se libró paradójicamente gracias a otra garganta profunda, la que informó a los periodistas del Washington Post.
Desde su primer pase en junio de 1972, en el Times Square, el éxito fue rotundo. Largas colas de espectadores llenaban los aforos a pesar de prolongar las sesiones hasta la madrugada: ¡se alcanzaron las 20 horas de proyección diarias en una misma sala!
El nuevo sexo y el cine independiente La película resultó doblemente provocadora porque ensalzaba la mamada, una práctica denostada históricamente e ilegal en muchos estados de los EEUU. Linda Williams, especialista del género, apunta en esta dirección: ?Fue entonces cuando el cine heterosexual se interesó por el sexo oral. No es que no existiese la felación (?) Pero no se consideraba que una mamada fuera la quintaesencia del placer absoluto.
Varias personalidades (John Waters, Larry Flint, Norman Mailer, Gore Vidal, Carl Bernstein?) desfilan por la pantalla para ilustrar lo poco o nada que se sabía sobre la sexualidad en la mayor parte del país. La revolución sexual supuso una fractura en la sociedad entre los que asumían el cambio y los inmovilistas. Negación del sexo oral, del orgasmo femenino, de la sodomía, del sexo en grupo? La ignorancia no tenía límites y afectaba a todos los estamentos por igual. Por ejemplo, el juez que instruyó la causa contra la película desconocía la existencia del clítoris.
Para hacerse una idea de cómo estaban las cosas por aquel entonces, la periodista Helen Gurley detalla una de las muchas leyendas urbanas que circulaban de boca en boca: ?Siempre supe que el esperma era bueno para la piel. Está lleno de bebés, tiene proteínas y plasma (?) Muchas mujeres lo sabían.
Entonces la pornografía se barajaba como una de las posibilidades para acceder al cine convencional (distinto éxito obtuvieron Wes Craven, Ron Jeremy, Marilyn Chambers?), pues se especulaba muy seriamente con la posible fusión de ambos géneros. Se vinculó al porno con el cine independiente/autor y con el arte, de tal forma que hasta los grandes estudios rodaron las famosas X-rated, como confirma en una parte del metraje Peter Bart, productor de la Paramount entre los años 1967-1974.
El lado oscuro Familias poderosas de la mafia, como los temibles Peraino, establecieron un férreo control sobre los exhibidores y distribuidores que religiosamente les entregaban un buen pellizco (hasta el 50%) de la recaudación. Damiano también tuvo su ración. ?Voluntariamente les vendió su tercio de la película.
Por otro lado Linda Lovelance, la infatigable protagonista tragadora de falos, en coalición con el sector duro de las feministas entablaron una batalla contra el género. Desde entonces, no resultan infrecuentes las rajadas anunciadas a bombo y platillo denigrando el oficio que les llenó los bolsillos y les vació los depósitos. Al pelo viene el refrán, ?por lo que me queda en el convento, me cago dentro. Linda fue la primera de una larga saga de arrepentidos continuada por una lista de personajillos de la talla de Jerry Butler o Tabatha Cash.
Andrea True, ex-actriz, ex-cantante, actualmente entrada en años y en carnes, aporta en Inside? otra visión completamente distinta: ?Ahora la gente joven hace pornografía por dinero, pero entonces lo hacía por rebeldía.
Los arqueólogos del porno La premiere coincide con el descubrimiento casual de los negativos originales del clásico de los 70?s. Entre el celuloide se han rescatado fragmentos de Deep Throat II (Joe Sarno, 1973), proyectada durante una semana tras la cual fue retirada de cartel. Paul Interlandi, al frente de Arrow Productions, ha invertido unos 30.000$ en remozar este tesoro junto a otros clásicos como Teenage Fantasies (Frank Spokeman, 1972), Meatballs (Gerard Damiano, 1972), Sex U.S.A. (Gerard Damiano, 1972)?
La versión Deep Throat en alta definición se inauguró a nivel mundial en el Festival Internacional de Río de Janeiro (22 de septiembre ? 6 de octubre), acompañando al metraje Days Of Deep Throat And Linda Lovelace, un pequeño documental.
Terminamos con un chisme. A Lindsey, hija de la Lovelance, le propusieron protagonizar la séptima entrega de la saga, oferta que lamentablemente declinó. Los ecos de la escandalera que montó Deep Throat aún retumban.