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viernes, 21 de Septiembre de 2007

Putalocura.com > Sexo > Porno > David Hamilton


David Hamilton

El fotgrafo de la inocencia
Retrat con estilo vaporoso a cientos de jovencitas en paos menores

Por Dildo de Congost
http://blogs.putalocura.com/dildo/


En los años 80, los videoclubes eran increíbles cojones de sastre donde te podías encontrar cualquier cosa. Aunque hoy resulte difícil de creer, no había Internet y, acostumbrados como estábamos a tener sólo dos canales, el hecho de ir a una tienda donde poder elegir un montón de películas de todo tipo para ver cuando quisieras, era una experiencia mágica. Por supuesto, la sección de porno era la que más visitábamos, junto a la de películas raras tipo ?Holocausto Caníbal (en aquellos tiempos, a los menores les despachaban estas películas, aunque hoy, también, resulte difícil de creer). En una de las polvorientas estanterías de un videoclub gallego (y no en la zona X, sino en la de novedades) me encontré por vez primera con ?Bilitis, una película en cuya carátula salían dos adolescentes en clara actitud lésbica. Pillé la peli y flipé: eran tías de mi edad, teenagers. Pero no putarracas adolescentes como las que salían en la serie ?Seventeen, sino chicas como las de mi clase o como mis primitas: en sus mejillas latía el rubor de la inocencia y sus senos, blancos como la nieve, acababan de florecer.

 


Lo malo es que? en ?Bilitis prácticamente no había ?acción, si exceptuamos algún polvo simulado durante unos segundos, siempre en plano general. Eran estampas vaporosas, llenas de filtros, en las que aparecían las señoritas descubriendo los placeres de la piel (decir carne quedaría basto en un artículo sobre Hamilton). Pero la sola visión de esas postales inocentonas hacía que te cosquillearan los testículos. Otro día cogí ?Tiernas primas y también me gustó bastante, aunque su erotismo era, como en la anterior, relamido y hortera, lleno de jovencitas entre 12 y 17 años envueltas en sayos semitransparentes y ambientes borrosos, como vistos por un miope con no muchas dioptrías. Molaba, pero como no era material explícito, lo usabas para precalentar y terminabas consumando el pajón castellano viendo un metesaca salvaje en una porno ?convencional (en las que, por aquel entonces, tampoco escaseaban menores: los videoclubes estaban llenos de uvehacheeses protagonizados por la Tracy Lords adolescente).

 


El caso es que me olvidé de Hamilton durante varios años hasta que, ya en Madrid, conseguí su libro ?The age of innocence (1995) en la desaparecida Librería Sexológica de la calle Hortaleza. El volumen estaba lleno de lolitas desnudas o con poca ropa, pero no cabía duda: aquellas fotos podían pasar por ?artísticas porque, en su mayoría, estaban hechas con filtros que, en los tiempos prephotoshop, resultaban sorprendentes y le daban al conjunto un aspecto menos guarro y más sofisticado. Pero, aún así, podía uno recrearse con la visión de caritas de angeles de entre 6 y 17 años, contemplar sus tetillas (unas más incipientes que otras), sus curvitas, sus ombligos? y, a veces, hasta un trozo de entrepierna. Uno podría jurar que aquel libro olía a juventud, a hormonas, a jugos en ebullición, a jóvenes células en constante crecimiento.

Las modelos de Hamilton no pueden considerarse ?eróticas en toda la extensión de la palabra, porque son proyectos de mujercitas, sexys casi sin darse cuenta, casi sin querer. Ahí reside su discreto pero arrebatador encanto, en que son flores a punto de abrirse, frutas verdes que empiezan a madurar con timidez. Porque en todas las mujeres que amamos hoy queda algo de las niñas de ayer. O, como diría William Blake, ?todas las putas fueron vírgenes algún día.

 


En la primera página del libro, una dedicatoria de Hamilton justificaba el sentido de aquellas fotos maravillosas: ?A todas mis pequeñas, que entre estas páginas siempre serán jóvenes. Aquí el fotógrafo confesaba sin pudor su más profunda motivación, que no era tan vouyerista como temporal: Hamilton sólo quería parar el tiempo con su cámara, congelar la belleza de un puñado de chiquillas en la flor de la vida para que nunca jamás se marchitara. Una motivación bastante ingenua porque, así como no hay persona eterna, tampoco existe una obra de arte que dure para siempre. Pero, al menos, Hamilton consiguió detener el envejecimiento de sus niñas en un puñado de instantes mágicos que el lolitófilo podría mirar una y otra vez, durante el resto de su vida. Un logro que tenía su antecedente más remoto en el fotógrafo victoriano Charles T. Dogson cuando fotografiaba a sus amiguitas infantiles desnudas. Ya como Lewis Carroll, se atrevió a escribir frases de esas que luego pondría Hamilton acompañando a sus fotos de niñas: ?Niña de pura y apacible frente y de asombrados ojos soñadores, aunque el tiempo es veloz y una del otro estemos separados la mitad de una vida, tu adorable sonrisa acogerá, gozosa, el presente amoroso de mi cuento.

 


David Hamilton nació en Londres en 1933. Su infancia fue interrumpida por las bombas de la Segunda Guerra Mundial y él tuvo que huir con su familia a Dorset, una campiña inglesa de idílicos paisajes llena de jovencitas trotonas que, sin duda, influirían de forma decisiva en su posterior carrera como fotógrafo. Tras la guerra, Hamilton volvió a Londres, para irse después a París, ciudad de la que se enamoró y que no ha abandonado hasta nuestros días, aunque, como toda persona ?glamourosa, pasa la temporada estival en St. Tropez.

Antes de empezar a hacer sus propias fotos, Hamilton trabajó como diseñador gráfico para revistas como ?Elle o ?Queen. En los años 60, ya tenía un amplio currículum como fotógrafo y director de arte. Pero el verdadero éxito no llegaría hasta finales de 1977, año en el que estrenó su largometraje ?Bilitis e inauguró una sonada exposición en la galería Images de Nueva York.

 


Dentro de la técnica fotográfica, su estilo tiene un nombre: ?soft focus. Se trata de un efecto provocado por una lente fotográfica, que le da a las fotografías un efecto suave y deliberadamente desenfocado, ideal para crear ambientes oníricos y neblinosos. Este efecto se utiliza mucho en editoriales de moda porque elimina manchas y provoca una atmósfera somnolienta y relajada, también ideal para el erotismo delicado. Hamilton no sólo usó este efecto con sus chiquitinas, sino también con bodegones, plantas, árboles y otros motivos. Algunas de sus fotos podrían pasar por cuadros, como el ?Homenaje a Rapha?Peel, en el que aparecen unos melocotones, unas nueces, una naranja y una copa de vino. Con el efecto ?soft focus se diría que hay cierta similitud entre las frutas y las redondeces adolescentes.

Con el éxito, por supuesto, llegó la polémica: muchos críticos puritanos acusaron a Hamilton de hacer pornografía infantil softcore disfrazada de arte, como también hicieron con Jock Sturges. Las críticas más fuertes llegaron con la fiebre neoconservadora y la moda antipedófila de los años 90: algunas asociaciones cristianas norteamericanas e inglesas pidieron que se prohibieran los libros de Hamilton, demostrando que, casi siempre, la perversión está en el ojo que mira, no en la propia imagen. Pero los libros de Hamilton no sólo se seguían vendiendo como churros, sino que, en parte gracias a los escándalos, se agotaban y se reeditaban sin parar, mientras sus exposiciones se contaban por decenas en los cinco continentes.

 


El éxito de Hamilton influyó a no pocos artistas, a fotógrafos e incluso a cineastas (Sofía Coppola, sin ir más lejos, homenajeó, de alguna manera, la estética Hamilton en ?Las vírgenes suicidas). También la moda ha rendido tributos a este maestro de la cámara, sobre todo desde el año 2003: revistas como ?Vogue o ?Glamour han fusilado el estilo de este artista en editoriales muy recientes.

Hoy, a pesar de la demencial ola de pacatismo que ha convertido a los menores de edad en el mayor tabú del siglo XXI, Hamilton es ya, a sus 75 años, un clásico moderno. Tres libros suyos publicados en los últimos tres años, todas sus películas reeditadas en DVD y varias exposiciones en Europa constatan la vigencia de su trabajo. En parte, porque el morbo de lo prohibido lame sus imágenes y, en parte, porque todavía nadie sabe muy bien si lo suyo es arte o erotismo. Ni falta que hace. Pero, por si sirve de algo, decir que los de You Tube, que censuran a la mínima los vídeos con contenido erótico y lolitesco, han dejado pasar este montaje con algunas de las mejores imágenes de Hamilton. ¿Será porque se creen que es arte? No sé. En cualquier caso, disfrútenlo antes de que lo quiten:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tags: david - hamilton - fotografia - jovencitas



Comentarios
USUARIO
EL yayis
11/5/2009 - 15:55:04
#1
Por fin soy el primero, bueno acostumbrandome a esta pagina, no se si me gusta ahun, sobre el tema pues que se puede decir si empese mi vida sexual a los trece aos, con una chiquilla de 12, y era mas caliente la hijaeputa que nada, respecto a si es o no correcto, es muy subjetivo, ami me gusta.
USUARIO
OeQVqugmDvDnBxDQz
8/5/2011 - 08:37:50
#2
Posts like this brighten up my day. Thkans for taking the time.
USUARIO
guanajuato.
20/6/2013 - 16:04:51
#3
Comodice yayis, es subjetivo, a mi en lo personal como ya descubri a este fotografo despues de la pornografia explicita puedo decir que no me provoca nada sexual, es unamanera de tocar esos recuerdos de la infancia o adolescencia y las primeras experiencias. muy buenas peliculas y libros, en thepiratebay esta una coleccion de 4500 fotos.
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