De lo que se come se aprende
Los Calippo no tienen forma fálica por casualidad, el inventor de este polo era un cochinete
Una vez conocí a un tío que siempre repetía el mismo ritual cuando quedaba por primera vez con una chica. En vez de llevarlas a tomar un café o de copas las invitaba siempre a un helado, buscaba un establecimiento en el que vendieran helados Frigo y dejaba que la chica eligiera. Si la moza pedía un Frigodedo sabía que ella prefería el placer solitario a la compañía de un hombre; si se quedaba con un Frigopié, que era un poco fetichista; si elegía un Drácula, que le iba el sadomaso; si se decantaba por un Mágnum, que era una clásica de la que sacaría poco más que un misionero en la cama; y si pedía un Calippo, que la chavala tenía muchos puntos para ser una felatriz de ensueño.
El chico de la camiseta amarilla tuvo suerte, se cruzó en su camino una apasionada de los Calippos:







