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miercoles, 1 de Enero de 2003

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Mangando (II)

Me pillaron robando en un centro comercial
Cuando el shoplifter es descubierto y atrapado por los vigilantes del centro comercial llega la parte menos agradable.

Demonios tus manos.

 

Cuando el shoplifter es descubierto y atrapado por los vigilantes del centro comercial llega la parte menos agradable de este divertido matarratos. Ante todo, mucha calma. Uno debe actuar con dignidad y tener en cuenta que los guardias jurados no son policías: carecen de licencia para matar y llevar armas y suelen ser pobres diablos que curran en eso porque su mala suerte o su C.I. no les da para más.

Sólo una minoría se dedica a lo que se dedica por ser poli frustrado o por pura vocación. Dicho esto, y a modo de ejemplo, os voy a contar lo que me pasó la primera (y última) vez en mi vida que me pillaron. Fue en un gran centro comercial en el que ya había robado en otras ocasiones y tenía callo y, tal vez por ello, bajé la guardia y mangué en plan descerebrado.

A la buena de Dios. Aquel aciago día lo hice todo mal y la culpa de que me atraparan fue mía y de nadie más. El caso es que acababa de salir de trabajar y estaba roto por algún desengaño con alguna tía o algún contratiempo laboral (ahora mismo no lo recuerdo con exactitud), pero vagaba a la deriva con intención de comprarme un CD de Sr. Chinarro (que, paradójicamente, se titula "Cobre cuanto antes") para ahogar mis penas con las anómalas notas musicales de Antonio Luque.

Llegué al centro comercial y vague por él como alma en pena buscando el CD, lo encontré y lo cogí con la sana intención de comprarlo. Todo lo de Chinarro lo compro y no lo robo, porque él me cae muy bien y me parece un genio y quiero que sus CDs se vendan y siga grabando cada vez más a menudo (a ver si deja ya la fábrica de Donuts, aprueba esas oposiciones y dedica las tardes a componer más canciones: así igual saca un CD al mes, sería increíble).

Decía, en fin, que este chico es mi artista español favorito y me sabría mal robarle aunque supongo que a él, como buen andaluz desaborío y cínico redomado que siempre está poniendo verde a su sello discográfico, le dará exactamente igual lo que yo haga o diga con o de sus discos (y además seguro que él también roba todo lo de Damon & Naomi o lo de Coldplay en el Continente de Sevilla).

Bueno, pues la cosa es que seguí por ahí y, en la sección de música independiente de importación, empecé a ver muchos CDs que me gustaría poseer.

Un diablillo se me posó en el hombro izquierdo y empezó a decirme "No vas a pagar ni un euro más por estos CDs que cuestan un ojo de la cara: ¡róbalos, róbalos!". El angelito del hombro derecho, por el contrario, aconsejaba: "No, Dildo, que hoy estás roto y además llevas un impermeable blanco que da mucho el cante y te van a pillar".

El pequeño demonio rojo sacó una taladradora Black&Decker king size más grande que él, la puso en marcha y se la metió por el culo al tierno angelote, que con un alarido se esfumó en una espiral de sangre, plumas y vísceras. Entonces, sólo quedó él, el ángel caído, que crecido tras su violenta demostración de poder, me gritó: "¡¡Coge esos putos CDs, arráncales las pegatas de seguridad, mételos en la bolsa y sal a la puñetera calle!!".

In fraganti.

El caso es que hice lo que me decía el angel malo. Cogí los CDs, los metí en la bolsa y fui a pagar el de Chinarro. Cuando bajé por las escaleras mecánicas, tuve un pálpito premonitorio.

Uno de los tipos de seguridad, que vestía de paisano y era más viejo que los demás, hablaba por su microfonito prendido a la oreja y decía "y lleva una bolsa en la mano...". Algo me dijo que ese hombre estaba hablando de mi, pero el demonio me pinchó en el cuello con su pequeño tridente y exclamó: "¡Sigue adelante, coño, que no va a pasar nada!". Y así lo hice. Seguí y pasé por caja para pagar el "Cobre cuanto antes" de Chinarro.

Entonces, me dirigí a la salida y, al pasar por las barras de salida... no pité. Sin embargo, un inexpresivo guardia de seguridad con la cabeza afeitada al cero que parecía un cenobita me agarró por un brazo y dijo: "acompáñeme, por favor". Noté cómo la sangre me subía a la cabeza y, rojo como un demonio, seguí al segurata mientras mi ángel malo se desvanecía entre humo y carcajadas.

El segurita calvo me hizo entrar en una pequeña habitación con un despacho parapolicial en el que trasteaba otro señor vestido como él, pero con pelo, bigote y una expresión severa en su rostro. En la pared había fotos de delincuentes malencarados sobre nombres de clara ascendencia rumana. "Muy bien, vacíe la bolsa", dijo el guarda. Y lo hice, mientras me quejaba soltando una serie de tópicos con gran seriedad: "Esto es un atropello, no saben ustedes con quién están hablando, soy periodista y esto les va a costar caro".

Saqué mi carnet de prensa. Ellos, sin hacerme ni puñetero caso, miraron todos los CDs que había dentro, algunos robados y otros míos, de esos que llevo para escuchar en el curro. Entonces, de una forma que en aquel momento de nervios escapaba a mi comprensión, examinaron todos los CDs, uno por uno, y fueron haciendo dos montañitas

Vi con horror que una de las montañas correspondía a los items robados y la otra a los míos. "Bien, estos son suyos y puede meterlos en la bolsa. Los demás no son suyos, los ha cogido usted sin pagarlos". Y yo seguí en mis trece: "Se equivoca, son todos míos. Yo no he robado nada y aquí está la prueba. Vine a comprar este CD, lo he comprado y les rogaría que me dejen irme a mi casa para escucharlo tranquilamente".

Entonces, el señor de bigote se puso muy serio y le dijo al segurita calvo que nos dejara solos. "Mire usted, para empezar, aquí nadie ha hablado de robar, salvo usted.

Yo sólo estoy diciendo que usted ha cogido estos CDs pero sólo ha pagado uno. Llevo 20 años en esta profesión y sé muy bien que usted ha hurtado los CDs. Me está insultando usted personalmente al negarlo y le ruego que confiese su delito.

Tengo una familia que mantener y siempre me he esforzado en hacer bien mi trabajo". Qué fuerte, él justificando su acción con lo de la familia, parecía que fuera él y no yo quien cometiera un acto delictivo. Yo puse mis cartas sobre la mesa: "Esto es kafkiano, me parece un atropello y les voy a denunciar y esto va a salir en todos los periódicos".

Él, que sabía más por viejo que por segurata, agarró el teléfono y, mirándome fijamente pero con naturalidad dijo: "Bueno, entonces será mejor que llamemos a la policía, que cojan la prueba y las cintas de video donde está grabado usted delinquiendo y que todo se aclare posteriormente en un juicio".

Al oír la palabra "juicio" se me cayeron los cojones al suelo y recordé la desagradable sensación de engorro que me habían producido mis últimas visitas a los juzgados de Plaza de Castilla. Entonces, me relajé y decidí que había perdido la partida. Game over. "Bueno, no creo que sea necesario llamar a nadie, ¿no? Podemos arreglarlo todo aquí. Ya sabe usted lo caros que son los leguleyos y, al final, saldríamos todos perdiendo por una tontería", solté. "Me alegro de que entre usted en razón", dijo él mientras colgaba el teléfono.

Entonces, me hizo rellenar una hojita con mis datos (en la que mentí como un bellaco, of course) y luego le puso una pegatina al CD que ponía Seguridad y me dijo lo siguiente: "pase por caja y pague los CDs. Las cintas de video que recogen sus delitos serán debidamente destruidas.

Yo no le acompañaré porque ahora usted no ha hecho nada y no quiero hacerle pasar verg?quot;. Yo dije: "¿Verg? No sé preocupe. Hay que saber perder. Por cierto, dígame, ¿pillan a mucha gente robando todos los días?". Y él: "Bueno, sí. Pero yo no lo llamo robo, sino hurto. Aunque también hay carteristas colombianos, que son los peores.

El otro día, a uno que se quejaba porque lo íbamos a llevar a la policía, le dije: ¿qué prefiere, que lo entreguemos a la policía o al señor al que usted le ha robado? Y él se quedó callado". Yo dije: "Qué curioso", fingiendo interés para ocultar el profundo dolor que me producía haber perdido la partida. Con la cabeza alta, pasé por caja y le entregué el CD y la cajera me miró de reojo mientras cogía mi dinero.

Con una nube negra sobre la cabeza, me dirigí a mi domicilio. No hay que por bien no venga, y yo había aprendido la lección. Nunca más volvería a robar cuando no estuviera inspirado y no volvería por aquel centro comercial...Nunca máis...

Al menos no antes de haber depurado mi técnica y haber exorcizado todos los demonios de mi alma. En la tele, la peli de Winona ya ha terminado y ha empezado uno de esos programas de fútbol tan pesados que echan los domingos. Hago zapping y no ponen nada. Qué rollo, me aburro y ya he visto todos los capítulos de "Shin Chan" que había grabado. Creo que voy a dar una vuelta por el centro comercial de la esquina...

*Denuncias e interrogatorios: dildodecongost@hotmail.com


Tags: mangando - robar - tiendas



Comentarios
USUARIO
URTADOR
12/10/2009 - 02:16:57
#1
QUE BIEN SABEN LAS COSAS SIN PAGAR EEE
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Nick
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