Después del éxito que ha tenido la primera y segunda entregas de las situaciones bochornosas aquí tenéis un tercer capítulo con los momentos más delicados de la vida de los listeros de la Lista Torbellinesca. La otra vez nos dejamos unos cuantas sorpresas pajeriles en el tintero, así que vamos a empezar hoy por ahí.
La primera es una anécdota que nos trae Kataplof narrándonos esta historia etílico?onanista de un amigo:

Le ocurrió al primo de un colega mío, pues resulta que este se mete de todo y un día llego de madrugada a casa tan hecho polvo que se tumbó en el sofá y se empezó a hacer una gayola con su madre delante, como éste estaba ciego no se dio cuenta y la madre le tuvo que meter dos ostias para que reaccionase. Estaba bajo los efecto de no sé qué droga alucinógena, os preguntaréis qué hacía allí la
madre, pues estaba esperando a la hermana pequeña que no llegaba a la hora. Bueno, la cuestión es que desde entonces nada ha vuelto a ser lo que era, eso sí, ni el padre ni nadie de la familia se ha enterado de eso.
Y siguiendo con el tema de las madres que aparecen cuando menos se las necesita nos encontramos con esta historia de Elena:

Tengo un juguetito para cuando estoy sola, no es grande, sólo lo suficiente para dar gustirrinín. Asimismo dispone de pilas, y se acciona haciendo girar la base. Ni que decir tiene que hace cierto ruidillo, como un pequeño zumbido bzzzzzzzzzzzz. Ahora viene la situación. 1 de la mañana. Yo metidita en mi cama con mi pequeño amigo. Mis padres se habían ido de cena y volverían tarde. Todo concentrada yo en mi labor no oigo que llegan. Ni siquiera escuche el sonido de la alarma al desactivarse.

Y qué se le va a hacer, cosas de la vida, mi madre es muy charlatana y al ver que tenia la luz de mi cuarto encendida entra sin llamar. Mi cara estaba que parecía el Fary comiendo limones. Se sienta mi madre en un lado de la cama y empieza a rajar. Y al cabo de 5 minutos se hace el silencio y de fondo bzzzzzzzzzzzzzzzzzz, mi madre se mosquea y pregunta que qué suena. Yo digo que nada, que no se, que no importa. Pero ay! que oído tiene la jodia. Lo localiza, me mira, mira a la colcha, me vuelve a mirar, y cuando ya el tono rojo de mis mejillas indicaban verg?absoluta, me quita la colcha y... bueno, os lo podéis imaginar, a mi churrisquín bzzzeando en mi chow-chow... El careto de mi madre lo tengo grabado a fuego. Lo único que hizo fue levantarse e irse, no sin antes desearme buenas noches. No se ha vuelto a hablar de eso!!!!
Y dejamos ahora a las madres y empezamos con las abuelas, empeñadas también en estropear los más dulces momentos a sus nietos pajeros. Algo de esto le pasó años ha a Makarrake como nos cuenta a continuación:
Debía tener 15 o 16 años. Esa edad en la que los adolescentes sólo piensan en dos cosas: masturbarse y hacerse pajas. Unos amigos y yo decidimos coger una peli porno del videoclub e irnos a verla a la casa de la abuela de uno de mis amigos, que estaba de viaje (como es lógico, no es el mejor lugar para ver una película porno pero era el único que teníamos disponible). Como estábamos muy muy salidos, decidimos no ver la película juntos sino hacer turnos individuales de 15 minutos para que cada uno pudiera verla solo y pajearse a gusto si lo deseaba... ¿captáis la sofisticación de la idea? Así que, mientras uno se solazaba con la peli y el papel higiénico al lado, los otros dos esperaban turno en la sala contigua, como si estuvieran en la consulta del dentista. para matar el tiempo nos hicimos un porrito y abrimos una botella de whisky que la abuela de mis amigo debía tener reservada para los invitados.
Habíamos hecho ya varios turnos pajeriles cuando a mi amigo se le ocurrió la feliz idea de abrir la puerta del balcón y salir fuera para airearse y de paso que la habitación, que olía a hachís que mataba, se ventilara un poco. En ese momento, mi amigo entró de nuevo en el salón, y salió corriendo por el pasillo gritando: mi abuelaaa... mecaguenlaputa, que viene mi abuelaaa...!

Efectivamente, nada mas salir al balcón había visto como su abuela salía de un taxi y se adentraba rauda y veloz como el rayo en el portal. En poco más de un minuto, mi amigo y yo nos dedicamos a intentar eliminar todas las pruebas del delito..vaciar el cenicero, limpiar los vasos, esconder la botella de whisky e intentar ventilar la habitación al máximo, mientras veíamos con estupor al otro amigo, saliendo de la sala del pecado, pálido del susto, con la polla al aire y una erección de caballo, el papel higiénico en una mano e intentando subirse los pantalones con la otra.
Salimos corriendo por la puerta de servicio mientras oíamos entrar por la otra a la abuela de mi amigo. Afortunadamente tuvimos suerte porque no quiero ni imaginarme la escena que hubiera vivido la pobre vieja: su nieto y un desconocido sentados en el salón fumándose un porro y ventilándose su valiosa botella de Chivas, mientras en la sala de al lado otro desconocido se pajea viendo una peli porno sentado en su sillón favorito. Tener nietos para esto...
Y otra historia parecida pero con un resultado no tan feliz, la que le ocurrió a un amigo de Oraculín:
Esta historia, gracias a Dios no me ocurrió a mi, sino a un buen amigo, en plena pubertad y con 15-16 años, estaba en casa de su abuela, cuidándola. Y estaba viendo ese programa que era en verano, que presentaba Jesús Gil (EN MARBELLA) a mi amigo, le ponía una barbaridad, las mamachicho. Cuando un momento salieron, se le puso la picha, como un barrote de acero, y se dijo: Puf, con estas me las tengo que pelar.
Y se fue raudo, por un rollo de papel higiénico, y por un barreño, ya que en casa de su abuela no había más que una sola habitación. Se sentó enfrente de su abuela, se bajo los pantalones y los calzoncillos, y se puso el barreño, encima del badajo. Salen las mamachichos, y empieza a subir y bajar pieles, y en el mejor momento, se levanta la abuela. Y le dice, pero que estas haciendo, y acto seguido, le levanta el barreño, sin poder mi amigo racionar, y subiendo para arriba, la leche condensada, la abuela perpleja, y la chorreada, no os lo podéis imaginar a quién fue a parar. Sí, es lo que vosotros pensáis, fue directamente a parar a su abuela y a los pantalones de mi colega. Mi amigo se pasó mas de dos años sin ir solo a casa de su abuela, y eso que vivían en un bloque, él vivía en el 2?, y su abuela en el 1?, y eran los únicos vecinos.
Y dejamos ya de lado las historias pajeriles para encontrarnos con una historia sacada de la estancia en la mili de Pipas:

Yo cuento mi última anécdota. Fue en la mili. Por las tardes militares, me quedaba siempre porque yo era de fuera, y siempre o leía o estaba por ahí sin hacer nada, pero iba descalzo. Por esa época, me olían los pieses de mala manera. Y un día estaba ahí tranquilo leyendo, y entró el Cabo Primero de guardia, y dijo:
"Coño, aquí huele a queso!"
Yo bajé de la cama, y le dije:
"¿Como dice, mi primero?
El tío olía cual sabueso, y decía:
"Joder, ¿no tendrás algún muerto en la taquilla? Debe ser comida en mal estado..."
"No, mi primero, no guardo comida en la taquilla".
Al final se fue, y me estuve riendo un buen rato, pero mientras duró el análisis del cabo, estaba giñao, porque sólo llevaba 1 mes en la mili y no sabía lo que me podía pasar.
Y hay cosas que en el momento no nos hacen pasar verg?debido al alto nivel de alcohol etílico que uno lleva en la sangre, pero que al recordarlo al día siguiente no sabemos dónde meternos, y más aún si aparece en los periódicos como esta historia de Pescadilla:
Una noche de pedo (estaba de vacaciones con mis padres en León), me dio el tremendo impulso de quitarme la ropa y bañarme en pelotas en la fuente más grande que tiene esa ciudad, delante e todo el mundo, con los coches pasando, en fin, que era como la Cibeles, pero en León. Era Noviembre y hacía un frío del cagarse. Lo siento, no lo podía controlar. Pero la verg?no llegó ahí, sino cuando salí en un periódico local con el trucho fuera y el vaso de kalimotxo en la mano. Mis padres me esperaron un día con él en la mano, y mi familia entera todavía se descojona cuando tiene ganas.
Ahora el caso de otro listero, Raúl, que tuvo aún más repercusión en los medios de comunicación que la anécdota anterior:

Lo más bochornoso y jodido que he pasado fue cuando en febrero de este año intentando sacar el cambio de la cabina telefónica me quede enganchado aproximadamente 3 horas. A la cita no faltó nadie: bomberos, maderos, samur, un corrillo de 200 personas descojonadas, la mayoría con un pedo de cojones. Sucedió en Malasaña un sábado a las 12:00 de la noche, increpándome cosas tan graciosas como "cómprate un móvil", "mutilación" y cosas por el estilo. A medida que iba pasando la noche mi desesperación se torno en resignación, por lo menos la gente se enrollaba y me entretenían, mientras los bomberos impotentes no podían hacer nada. Total que después de que, por fin el técnico de Timofónica me soltase, y me mirase como a un capullo de estos que tienen trucadas las cabinas, me fui de pedo con la mano completamente dormida, hasta el día siguiente (que pasé durmiendo)
Ahora viene lo peor: el lunes por la mañana era portada de todos los periódicos en sucesos de Madrid, los de Telainco, El País, la radio de coña todo el barrio se descojonaba a mi paso, diciendo "MIRA EL DE LA CABINA". Incluso accedí a ir a Cronicas Marcianas (que lo odio, por cierto) donde los putos miserables solo me pagaron 25 billetes, después de que media España se riese de mí. Y ya después de todo esto sólo me queda descojonarme de lo que me pasó. Peor sería que se me hubiese quedado enganchado el nabo, y todo el mundo mirando.
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